¿Qué valor tiene escribir sobre lo escrito?



¿Hablar, o más aún, escribir sobre un libro? Algunos se preguntarán ¿por qué o para qué? Yo mismo me he cuestionado, a veces: ¿Qué valor tiene escribir sobre lo escrito? Ya que un libro es por sí solo un universo o… puede serlo. Y un libro bueno, fruto del ingenio humano, encierra un trasfondo capaz de hacernos reflexionar y conectarnos con muchos mundos. Aunque la mayoría de lectores solo… leen. Y, lamentablemente, algunos no entienden lo que leen. Evoco, con amor y nostalgia, las lecturas compresivas de la escuela primaria, hoy ausentes y tan necesarias.
A través de los “tiempos” han habido artistas, escritores y poetas que sosteniendo que el arte no es racional, preconizan que no debe analizarse, solo disfrutarse y en este posicionamiento se empeñan en meter a la poesía. Pero una obra artística, la literaria por demás, es producto de la inteligencia humana y toda obra física o mental hecha por las personas es pasible de análisis, teniendo una o varias razones de ser, un mensaje, un fin, un por qué. Más aún la poesía, por ser el mensaje del alma, envuelto en misterio y en belleza, y surgir de la intuición, parte no racional del humano, forjada con lo más connotativo del lenguaje, tiene la condición de multivocidad, siendo posibles variadas interpretaciones de su decir. Aclarando que dentro de estas distintas formas interpretativas debe caber la lógica, siempre la lógica, ya que el buen arte es orden no caos, es comprensible y jamás es absurdo.
En una era dominada por lo exacto, lo tangible, lo material, y arropada por el facilismo, la poesía resurge como una manera de espolear el sentir y el pensar, acciones profundas del espíritu humano, retomando parte de la senda perdida y olvidada en este vil proceso de deshumanización, al que llamamos desarrollo.  Además recordemos que ya está claramente establecido, que si el arte en general es una forma de conocimiento universal, es en la poesía que se encuentra lo más elevado de ese conocimiento, considerado desde los inicios como dictado o donado por los dioses, la divinidad o entes superiores a nosotros. Ahora bien, sin considerarnos seres cuasi divinos o superiores, estamos conscientes que nos corresponde a los poetas: trabajar con el lenguaje, para difundirlo, enaltecerlo y transformarlo;  elaborar un arte que plasme las angustias y vacíos existenciales, buscando, si bien no dar respuestas a ellos, mitigar sus consecuencias y estimular la generación del conocimiento, ya citado, como vía de tornarnos más humanos. 
Son entonces estas razones la que justifican, primero que aún exista y sea necesaria la poesía, y además que cuando brote un poemario nuevo, cual manojo de versos, sea importante escudriñar en él, analizándolo, para descifrar sus mensajes, aprovecharlos y ponerlo a la mano de los lectores menos avezados y temerosos, por no entender el intrincado y especial decir poético. Esto último, a mi entender, logrará captar muchos lectores hoy en día, para bien de ellos, y de la sociedad también, y fortalece los aportes intelectuales de los poetas a su tiempo y a su pueblo.
Cada quien escribe por múltiples razones, pero solo mencionaré dos, comunes a casi todos los creadores: para que escuchen sus mensajes y su forma de apreciar y entender el mundo y para plasmar su legado, más allá del tiempo, eternizándose. Luz Dalis Acosta lo dice de la siguiente manera:

Flor quebrada en el dolor
como violetas duermen las metáforas.
Quiero verter mi esencia en el tiempo y lugar de mi quimera.

O cuando expresa:

Encadeno ilusiones esposadas en el corazón
en el lazo invisible de mi ensueño.
Cabalgando sobre Pegaso
regalando migajas de mis fantasías
en ignotos paisajes de un país encantado

 La poesía tiene la grandeza y la gloria, a través de la historia, de ser primera en el tiempo y frente a todo el saber. Fue antes que las demás arte: que la música, la danza y el teatro. Fue antes que las ciencias: originó la historia y dio cuna a la filosofía (quien no lo crea que lo confirme). Y, por demás, fue antes que toda forma de literatura; ya que ella, la poesía fue previa a la narrativa, a la dramaturgia y al tardío y divinizado ensayo. Individualmente ha sido puerta universal al ejercicio escritural, son muy pocos los escritores, narradores, ensayistas, a lo largo de la humanidad que no hayan dado los primeros tumbos y pininos de su mano, aun los que la abandonan para siempre, como Gabriel García Márquez y nuestros maestros universales Pedro Henríquez Ureña y Juan Bosch y Gaviño, por solo citar tres ejemplos. Ahora bien, para ser poeta hay que poder navegar en el misterio de las cosas simples de la vida y hay que despojarse de uno mismo, en palabras poéticas, nos lo canta Luz Dalis:

Soy la que serpentea entre las sombras
mi nombre se perdió en el infinito
de una noche sin tiempo 

y luego nos agrega

Déjame desnudarme
arrojar lejos el manto de aquel pudor de ayer que arropó mi inocencia.
Deja que otro manto cubra mi desnudez 

El manto de la poesía es un importante abrigo para nuestro devenir por medio de este mundo, en donde como errantes peregrinos transitamos en este valle de “lágrimas y placeres”. Y es de esto que ella surge y está hecha: de placeres y dolores, pues es humana y nada de lo humano le es ajeno.

Quiero amarte más allá del azul
de las profundidades de las aguas
del camino del aire 
Quiero estar bajo tus alas quietas
escuchar la música del viento 
 quiero amarte sin espacio ni tiempo
más allá de la luz y del silencio. 
Donde quiera que voy
mi alma lleva impresa
la cándida tristeza de una tarde
la ingenuidad de un río dormido entre violetas
el dolor de una alondra herida en el nidal. 

Ahora, adentrándonos en las particularidades del cristal de sus versos podemos ver claramente que atrapada en el romanticismo, como ya planteó ese gigante de la poesía dominicana, el insigne caballero Víctor Villegas, se solaza en la evocación y en sus nostalgias para tejer imágenes poéticas de acertada hermosura, ya que nuestra poeta, cuando huye de  las metáforas y tropos archiconocidos, o también llamados lugares comunes, es una excelente arquitecta de esas varillas imprescindibles para la estructura del poema.

Como una libélula hace vibrar el arpa
Sobre el frágil cristal de mi tristeza 
Todo se tornó sombras,
el cascabel ingenuo de tu risa
tu mirada de virgen en establo,
el trigo de tu pelo 

Como lenguas de fuego en la penumbra de la noche
agitan los fantasmas del recuerdo mi memoria
Mariposas nocturnas queman sus alas inquietas
en la lámpara del ayer 

En sus reminiscencias le da valor a sus recuerdos y vivencias del pasado de amigos, familiares, lugares y objetos, para amasar con todo aquello versos cortos, a veces incompletos, aprisionados en forzada ritma que ata su vuelo lírico limitando su libertad y gracia estética. Por eso es que, a veces, en la concatenación de dichos versos de arte menor, por su breve extensión, para la conformación de poemas monoestróficos de corto aliento, por su corta longitud, el fluir de los versos se cercena ocasionando una disrritmia que nos sorprende. En ocasiones, también nos sorprende con el abrupto final, dejándonos suspendidos en el vuelo lírico, queriendo más y moviéndonos a pensar si el poema continúa en el siguiente. Así es el estilo del accionar del yo poético de Luz Dalis Acosta, vivencial, colmado de ternura, con movimientos de avances suaves y de final rápido y rompiente. En su poética, muchos de sus poemas son monumentos contra el olvido o tarjas de reconocimiento a entes de su pasado, tornando su poesía muy personal, por la que desfilan sus hijos, sus compañero de vida, sus amigas de infancia y de estudios, sus compañeros de lides literarias y sus lugares y paisajes del pasado, que la pueblan, como a cualquier persona, como a cualquier poeta. De ahí que su lírica sea sincera, autentica y cristalina.
Escuchemos estos versos y segmentos de poemas para destacar un último reglón en el estilo de Luz Dalis:

Cuando mi espíritu vague con el viento
bese al sol
alcance las estrellas
en el rocío del alba buscaré tu silueta,
donde muera el crepúsculo 
Te encontraré. 
Cuando despierte la aurora de un mañana sin tiempo
 tú serás una gota de rocío
Yo una rosa dormida en un rosal.

(El Retorno)
Volveré un otoño
cuando se desvistan los árboles de todo su verdor,
pisaré suavemente las hojas que al secarse 
mudaron sin quererlo su traje de estación
Volveré en la brisa que besa la inocencia…

¿Lo notaron? El yo poético de Luz Dalis Acosta, anhela retornar, volver, reciclarse en la naturaleza.  Por eso recurre a perpetuarse, como todo poeta, a través del lenguaje, por el poder creador de las palabras, forjando versos tachonados de metáforas y tropos para construir imágenes de deslumbrante belleza, aún con la palabra rota, es que ella está consciente que:

La palabra es magia
hacedora de ensueño
tejedora insaciable de locas fantasías.
Se me escaparon enredadas en un laberinto de penas y nostalgias.
Caminaron sin rumbos por mis dedos
no hallaron eco en mi memoria

Y yo agrego: y hoy las trae a ustedes y yo se las presento.
Finalmente, después de todo lo ya expuesto, volvería a preguntarme ante las imágenes poéticas, ante la belleza de estos versos rotos: ¿Qué valor tiene escribir sobre lo escrito?

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