Irreverencias de un profundo y libertino poetizar

Pastor de Moya

Después de los hablantes vulgares, tal vez son los poetas los que más transgreden la lengua. Si, así como lo expresé, los poetas, igualmente como enaltecen la lengua, también la agreden, la retuercen, la martillan, como materia prima para su obra, para expresar lo que desean y en ese proceso la transforman, pues la lengua no es estática, sufre todos los accidentes habidos y por haber; no es de nadie, es de todos, va y viene cargada de anhelos, de sentimientos e ideas.
Pastor de Moya de pastor es un devoto de todo lo que sea expresión artística, es un follador de la lengua pues, si aplicamos las acepciones de la RAE, él tala, compone con fojas, holla con las palabras y además no le importa fastidiar con su decir. Decir poetizado que a veces hasta taladra más allá del sentir, del pensar, o del decir.


Su lenguaje, chocante, por descarnado, a veces irreverente y hasta sacrílego, se desborda a través del sexo, más allá de lo erótico, rayando en ocasiones en los límites de lo poético. Pero esto es soportado por el lector o la lectura en sí, gracias a la hondura de los pensamientos que soportan su excéntrico poetizar y por la forma en que lo dice. Este decir, como ya han dicho muchos,  es atrevido y desafiante, pero yo agrego no vano, al contrario, es suculenta crítica, reflexiva, con altura de cuestionamientos y consistencia de ideas. Pastor de Moya provoca de manera desenfrenada, para chocarnos, poniéndonos en ocasiones contra la pared, contra el status quo de la razón y la sinrazón, para hacernos reflexionar sobre cosas cotidianas y sobre otras trascendentales del humano vivir. No guarda las formas ni mantiene posturas; no le interesa. Desnuda su yo poético, sin convencionalismos ni pretensión de moral, para llamar la atención, para llamarnos la atención por una causa, su causa, o mejor dicho sus causas: El placer, su mensaje sobre el sexo, los animales, su visión sobre el amor, su cuestionamiento a Dios, las drogas, la vida libertina de la noche. En su manera de pensar y de expresarse, valientemente reclama la libertad de vivir como le plazca. Los temas que aborda, como la muerte, el suicidio, la lobotomía, el sacrificio de los animales para consumo humano, las relaciones lésbicas y homosexuales, el sexo en grupo, no son habitualmente abordados por la poesía; y por demás el enfoque que le da es novedoso, humano, social y con belleza. A los temas oscuros, al ventilarlos, les da luz. Consciente de su época, canta como poeta lo que se vive y desvive en los barrios y urbanizaciones, por las noches y por los días, en discotecas, parques y moteles. Y me parece que el autor siente placer en decir lo que dice y en cómo lo dice y nos resulta autentico, sincero, real... sin dejar de ser poético.


Su simbología lírica se auxilia de su rico imaginario; armada de palabras y morfemas de alta carga metafísica (espejos, azul, gris, verde, abismo, sombras, transfiguración), sexual y erótica (placer, sexo, pubis, coito, vulva, vagina, senos, tetas, pezones, masturban,  semen, burdel), vulgares y/o repulsivas (orina, baba, tripas, estiércol), chocantes (travestis, lesbiana, orgías), y de otras de muy singulares usos en poesía por su rareza (gatos, perros, toros, lagartos, peces, caballos, ardillas, yeguas, cerdo, piara). Pero no satisfecho con las palabras ya forjadas, el poeta folla a la lengua, forjando, como para fastidiar, nuevas palabras, verbigracia: lesbianan, lebianística, glandiar (glande), vaginan, lamisia, lebralo, tuntulo, arbolicia, tantálico, poemadrina, cótico.
Con todo lo anterior articula sus poemas, en versos libres y blancos que contienen en su discurrir imágenes, tropos y metáforas exuberantes, a veces de hermosura sorprendente y de profundidad impresionante:

total la golondrina rasga el cielo
leve el ser   pesado el vuelo
ahí el órgano fascinante de la hembra
con su sabor de mariposas y vinagre.
roto está el silencio de las sombras                        en la flor glandiar del sexo
pues volver es un designio lascivo del amor
sólo habrá un lecho húmedo y el terrible
augurio de que en el sueño permanece lo soñado

En la construcción de los poemas, y los escasos proemas presentes en sus obras, recurre a menudo a figuras literarias de repetición:

llevo tu nombre y la voz y el miedo de la voz
detuve la rabia y el cuerpo de la rabia
detuve la voz y el eco de la voz   

La profundidad o la relativa riqueza de su decir se obtiene de las diferentes lecturas que nos pueden permitir sus textos, sometidos a un escrutador análisis, gracias a que escribe sin mayúsculas y sin signos de puntuación alguna, pero con acentos que marcan ciertas pautas en el texto para su discurso. Esto como es sabido, aumenta la polisemia de su poética, la multivocidad de sus poemas. Un mismo poema nos permite varias lecturas, como fruto de su manera de manejar el lenguaje y organizar las palabras, extrayéndose mensajes distintos y metamensajes subyacentes que enriquecen el poetizar de este inquieto cibaeño. Y un  ilustrador ejemplo lo es este poema, que acepta 3 maneras de lecturas distintas:

Y si nos vamos más allá de lo literario, si tomamos en cuenta que el autor no se expresa solo a través de la literatura, sino que se auxilia de otros medios, visuales y audiovisuales, utilizando todo incluyendo su cuerpo, su voz, podemos asegurar que a su ánima no le basta la palabra para todo lo que aspira decir, por eso la usa, la retuerce, la trasgrede, la folla, hasta obtener lo que persigue sobre sus lectores-espectadores.

Podemos concluir que su polifacético decir, su desenfrenado estilo, pero profundo y con peso, lleno de lógica y cargado de reflexiones, es reflejo de un arte posmoderno, muy acorde a los tiempos, a la contemporaneidad a la que se debe el autor. El arte contemporáneo, fruto de la vida que se lleva a cuesta, cada vez es más extremo (deportes extremos, concursos extremos, pasiones extremas, sexo extremo, etc.). Este arte de hoy busca cada vez más provocar, no importando si es chocante o hasta incluso repulsivo, para mover emociones, cual quesean, de ahí lo grotesco y/u horripilante en las artes plásticas y el cine y la televisión,  lo vulgar y hasta soez en las canciones y en la literatura, lo estridente de la música, por solo referir algunos ejemplos. Es en fin, pasional en sí mismo. Hoy no importa tanto la estética, a lo clásico, fundamentada en la belleza, en lo agradable, sino una estética extrema que provoque al máximo los sentidos del contemplador; que lo agite, que lo sacuda, a casi cualquier precio. 


Y por último, el arte, en todas sus manifestaciones, a lo más ancho y largo de sus significados, es la columna central de la manera de ser y de no ser del decir de Pastor de Moya y su desenfrenado estilo es su sello distintivo y personal con una correspondencia estética estrecha con la época en que vive y siente el autor las realidades de hoy.  Él no soslaya nada y se mueve a gusto entre la hermosura de una inmensa imagen literaria, bien armada, tan agradable al oído y honda en su decir que puede llegar a una verdad poética, hasta un verso chocante ultra-postmoderno que pueda causar cierto desagrado en el más avieso lector, pero que pueda descubrir al hombre, la razón, la otra bestia que lo habita, porque es consciente que el hombre corre entre la sombra y la luz, hacia la fuente del sueño y  el final de todo es el principio y en el revés de las cosas está la puerta...

©Eduardo Gautreau

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