Navegando en el polimórfico y polisémico mundo malva de un Noé


Adentrarse en la poética de Noé Zayas, no es “Navegar en lo Seco”, al contrario, es adentrarse a un mar de imágenes, tropos y metáforas y recibir un diluvio de conjeturas líricas de alta multivocidad y hondo simbolismo. En el viaje al interior de sus textos mixtos hay un gran polimorfismo y una polisemia rica en significados realistas y quiméricos, a tal punto que se siente el delirio del autor al crearlos cuando estos textos llegan del otro lado del corazón de quienes nos adentramos en el onírico, misterioso, fantástico y erótico mundo del escritor.
Claro es, a mi entender, se necesita un cuchillo  muy agudo para disecar analíticamente el intrincado mundo escritural de Zayas y exponer al máximo todas las aristas, recovecos y laberintos de este acendrado creador. 
Su estilo escritural es polimórfico ya que utiliza y combina poesía, narrativa y teatro, sea al utilizar versos para narrarnos, prosa hermoseada y con ritmo lírico, poemas con diálogos y didascalias o cuando se explaya  en su escenas de corte teatral o cinematográfico. Es tal la mixtura  que a veces uno se pregunta si se está frente a un poema, un proema, un cuento o una obra teatral. Todo esto lo hace ex profeso y consciente, ya que el autor lo que desea es presentarnos su mensaje, de alto contenido polisémico y con gran hondura de significado, sin reparar en el cauce que siga su escritura para decir lo que desea.

Noe Zayas

Cuando utiliza la poesía como vehículo es a través de versos libres, ricos en imágenes, metáforas y tropos de profunda y alta tensión lírica, sin encabalgamiento, con uso adecuado de los signos de puntuación y sin abuso de las mayúsculas. Su ritmo, muy mutante, va desde un ritmo acompasado hasta porciones totalmente disrrítmicas. Y digo porciones ya que es difícil identificar estrofas  en la presentación de sus poemas, siendo estos o monostróficos o tan variados en su forma que son más cercanos a proemas o bloques vérsicos.  Cuando no, utiliza abiertamente el proema como forma. Eso sí, en todas las formas de su decir, poemas, proemas, narración o teatro, la tensión lírica se mantiene, alcanzando a veces altos niveles en su vuelo poético. Es que el yo poético de Noé pulsea con sus opuestos al momento de escribir y él persigue también la belleza, además de su verdad.
Pero más que las formas de su decir la riqueza y alcance de su obra está en el contenido; contenido que también goza de una variabilidad de sentidos y mensajes, emitidos por un yo autoral que se autovisualiza como un niño al contarnos, desde su perspectiva, las acciones y hechos alojados en su memoria. Y esta visión infantil es la que usa el autor para profundizar en el significado de sus escritos con una apariencia de simplicidad, de supuesta inocencia, mientras diseca al interior de las pasiones humanas, como el odio, el miedo, la muerte y los deseos. Por eso sus escritos poetizados, que inician con gran carga lírica y se van difuminando hasta perderse en el relato,  tiene como eje la eterna dicotomía psicoanalítica de Eros-Tánatos. El ejemplo perfecto que ilustra este eje es la historia de Absalón y Tamar. Estos últimos representan el nec plus ultra en la representatividad de la trama ciega de las eternas e inevitables pulsiones entre Eros y Tánatos; es que los vínculos entre Amnón-Tamar-Absalón están cargados de amor, erotismo y odio. Pasión en todos sus sentidos: deseos y sufrimientos; que finaliza con un Eros desbordado (pasión carnal y violación —Amnón; amor sublimizado y protección —Absalón) y un Tánatos venciente (muerte física de Amnón y luego de Absalón y la “muerte en vida” de Tamar). Un drama humano extremo llevado a sus últimas consecuencias.

En su simbolismo imaginario destacan los términos: Muerte, sangre, degollado, apuñaleado, descorporizado; miedo, sombras; odio, corazón, piedras… soñados o realmente vividos, no  importa. Utilizados para abordar, como tantos otros poetas, las cuestiones existenciales del alma humana: sus preocupaciones por el fin de la vida, el tormento de los recuerdos, las sensaciones y el placer, la maldad del hombre sobre el hombre, los deseos lícitos e ilícitos. La gran diferencia en la escritura de Zayas es que, como indica su propio nombre, es un león en presentarnos un diluvio de conjeturas divagando entre el plano de la vigilia y el plano de lo onírico. Parecería que para el yo escritural de Noé, como para el gran Calderón de la Barca: “La vida es Sueño”. Así daría lo mismo soñarlo que vivirlo o vivirlo que soñarlo; si está en el imaginario de nuestro existir y nos impulsa, nos guía o nos frena, atormentándonos, en el mundo real en que discurre este sueño al que llamamos Vida es lo que importa. Es que, en perfecta correspondencia ético-estética: el yo escritural no puede desligarse del “yo profesional” y como psicoanalista, nadando en el intrincado mundo de los sueños, ambos yo le echan mano a todo el simbolismo surrealista de lo onírico, como argamasa para construir su decir literario. Dado que la escritura creativa es fruto de hondas acciones de pensamiento, conscientes e inconscientes, cobra mayor importancia considerar el gran peso que representa el psicoanálisis a lo largo de toda la obra de este autor.
Por todo lo antedicho me atrevo a asegurar que más que el dolor, como ya planteó Pedro Antonio Valdez, es el miedo y la muerte (el miedo a la muerte, el miedo a la descorporización, a ser degollado, a tener las manos ensangrentadas, a difuminarse y desaparecer, a dejar de ser, a existir y dejar de existir  –a la vez) lo que mueve su razón de escribir; esto aunado a su afán de romper los vínculos reales, destruir los  castillos para quitarle a la vida su apariencia. Es que el Noé poético y narrativo, adjunto al psicoanalista, sabe, como Kant, que las cosas no son las cosas sino solo su apariencia.
Mas en el otro lado del péndulo, en la dicotomía entre los dos mitológicos jóvenes alados, nos falta Eros. Si en la Trama Ciega y en Cieno, Tánatos volaba a sus anchas, llevándose a todos los que quisiera, en Malva la muerte tiene un leve respiro con el sobrevuelo del dios de las pasiones. Es que esta obra es un texto mixto, poético-teatral, altamente erótico y profundamente existencial, con un buen toque de misterio y gotas de misticismo, en el que las acciones suceden entre lo onírico (irreal, fantástico) y la vigilia (real). La obra,  constituida por dos composiciones de largo aliento: el poema Malva, que le presta su título a toda la obra, y el proema de cinco párrafos Variaciones sobre Fresa. El primero es un diálogo entre dos amantes en el estilo de una narración a dos voces escrito en versos y el segundo trata sobre la cotidianidad de una pareja. Ambos con las características ya descritas arriba. La obra es completada por otras quince variadas composiciones que nadan entre la poesía y la narrativa.

 Su conocimiento del clasicismo griego le facilita pasearse y adentrarse en el arte y la mitología, para luego pasar por la mitología Hindú y árabe, para asentarse en lo histórico-mítico de lo judeo-cristiano, ya que es llamativa y pesa mucho en su obra, la fuerte influencia bíblica que sobrevuela en sus escritos. Desde El Mesías (que rehúye a su rol eterno) (escribo sobre el polvo), pasando por Sodoma y Gomorra (Sobre la legendaria ciudad llovía fuego// un ángel nos invita a la huida) la referencia a las trompetas de Jericó,  el rol de polvo como materia prima del hombre, hasta la espléndida participación que tienen Absalón y Tamar en varias partes de la obra en pleno.  Es más en algunos pasajes, tanto en la forma como en el decir mismo, es fácil evocar el tono de pasajes bíblicos:   caigo con mi casa, que es mi cuerpo en actitud de ser quemado
¿Quién habrá herido la ciudad tan mortalmente y ha transformado el patio de/ su casa en campo de fusilamiento,/ guerra de olvido,/ lugar de lo imposible,/ castillo de la angustia,/ techo del degollado,/ promiscuidad del necio,/ guarida de ladrones,/ tierra del desamparo,/ refugio del perverso?
Cabe destacar que a lo largo de toda la producción de Noé Zayas hay presente una sublime crítica al status quo de carácter sociopolítico, evidenciando un genuino humanismo como base de su sensibilidad creadora. Por esto su mensaje, envuelto en el misterio de lo fantástico se va al plano onírico para huir de lo real (el niño herido de palestina, los jóvenes víctimas de la represión estatal de los doce años, lo absurdo de las guerras, el conflicto palestino-israelí), tomando como bandera el sufrimiento humano, en especial el de los niños, dentro y fuera del hogar. Son entonces sus temas el abandono, el mal trato, la miseria. De ahí que se estableciera el dolor como hilo conductor de su primera obra.
Por último, recalcar la importante función que juega la evocación de la infancia en su imaginario escritural. El yo escritural de Noé Zayas le echa mano al recuerdo de hermanos, amigos, compañeros de juegos y mascotas, a lo vivido y lo soñado, en fin a todo lo bueno y lo malo que al parecer le aconteció, en lo real y/o en lo onírico, para construirnos su mundo literario; y al recordarlo lo plasma, con lirismo, pero con tono narrativo, presentándonos todo en una secuencia de escenas dramáticas. Es que este es su estilo, ya que este genuino creador, a mi entender, vive y sueña la vida, envuelto en poesía, como un montaje teatral autentico.

©Eduardo Gautreau de Windt

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