Linderos Posmodernos de la Poesía Actual
Ante el poemario laureado “Manual para Asesinar Narcisos” de Rosalina Benjamín, medito sobre la concepción actual de la poesía posmoderna, o más allá de esta en lo que ya otros llaman hipermoderna. Consciente de que vivimos una época en la que nada parece ser absoluto y la relatividad campea a sus anchas rigiendo casi todo los destinos del accionar humano y ante la falta de una firme respuesta de pensadores y filósofos, al parecer escasos o ausentes, las fronteras establecidas que delimitaban lo bueno y lo malo, lo correcto de lo incorrecto, lo bello de lo feo, lo blanco de lo negro, se han difuminado, para dar paso a tonalidades infinitas de “grises” en todos los sentidos. De estos, hartos ejemplos tenemos en todos los campos del accionar, del saber y del pensar, y las artes, como lo demás, no escapan a esta tendencia global.
Las artes, más que otras manifestaciones humanas son productos y reflejos, a la vez, de lo que impulsa en cada época al pensamiento y las necesidades del humano. Por eso, por ejemplo, hemos asistido a la “difuminación" entre lo considerado bello y no bello, por el cambio en la estética, y al difuminarse las fronteras entre los géneros literarios ha surgido una forma poética distinta. Esta poesía resultante no cuida la forma y se preocupa más por el fondo. No cuida su decir ni persigue la hermosura. No le importa el ritmo, ni el sentido, divide medalaganariamente los versos y se acerca cada vez más a la prosa en su simple y llano decir, abandonando eso aires de misterios que por siempre le han caracterizado.
Dentro de este marco epocal ubico la poesía de Rosalina, una joven mujer que apenas ha comenzado a vivir, y a través de la experiencia poética su alma ha sabido sublimizar los conflictos, convertidos en versos. Ella es, como todos, producto de su época y su estilo lo determina el pensamiento actual reinante: la posmodernidad extrema, considerada también como hipermodernidad. Por eso su estilo escritural es totalmente libre, casi amorfo y en su decir vierte su insatisfacción con todo y por todo, mostrando su rebeldía con lo establecido. Para ello usa versos disímiles, de muy variada distribución, con un fuerte aspecto narrativo monológico y con bajo ritmo poético. Las fluctuaciones de la tensión lírica llevan de la mano al relato, armado de distintos poemas, a manera de cuadros escénicos, concatenados por unas instrucciones intercaladas que le agregan un tono de suspenso y “arman” una trama más propia de un montaje teatral que de un texto lírico en sí, en el cual, el yo poético se desahoga, exponiendo sus angustias existenciales, sus miedos, sus aspiraciones y sus vacíos. Estos intertexos, a maneras de didascalias, como dictados por una voz en off, son, al final, incorporados al cuerpo mismo del texto, para formar un todo, dándole la conformación última y mayor sentido y cohesión a lo narrado.
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| Rossalina Benjamin (Ross |
La argamasa de su decir sale de su sentir, sus temores, sus anhelos y sus aprensiones interiores y, por otro lado, de su cotidianidad, con la que fantasea y ficciona para su escritura. Y de esa misma cotidianidad surgen sus imágenes y tropos, armadas con términos populares, vulgares, de uso común y hasta soeces; así espolea lo poético, pegándonos, a veces, contra la pared: Una tarde quisquillosa y apática, / como una puta que no se deja coger/ como dios manda.
De ella ya dijo alguien (CLEVF): Apasionada de la poesía. Su fuerza se encuentra atada a ese sentimiento rocoso de la tristeza que ha aprendido a sobrevivirse a sí misma. Sus textos suscitan la exaltación de la pluma crítica y al leerlos nos hacen experimentar un verdadero "desorden de todos los sentidos."
Porque, por otro lado, “Manual para Asesinar Narcisos” es un cuestionamiento a todo el estado de cosas establecidas. Ese mismo status quo que atrapa y subyuga a su yo poético: Esta es una era turbia y húmeda, / pesada como un fajo de culpas ajenas, enemigas, una era sin después ni palabras. Para más adelante especificar: Esta es una edad tallada en miedo y multitudes. / Le hace falta un discreto estallido de silencio, / para sobrevivir en el letargo de las bestias, que se sueñan siendo estatuas submarinas. Y a pesar que entiende “que no puede desandar los escabrosos terrenos de esta era”, pues es la suya, la que le ha tocado para vivir, padece sus angustias y escribe, aún estas angustias naufraguen en la mugre de la ciudad mirando al suelo. Es que todo el texto es una crítica social, un grito hipermoderno contra esa misma hipermodernidad que la acuña, la motiva y le da origen. Por eso habla de suicidios, denota su desapego a las personas y las cosas, es irónico, absurdo y en tono de burla su decir poético no escatima caer en lo soez, para mostrar lo que realmente siente en el fondo su yo poético: el miedo. El miedo que sobrenada a lo largo de todo el texto. “Es la misma tormentosa vacuidad, siempre distinta.”
¿Y qué haríamos entonces? ¿Si este tiempo tan intenso decide no sacar su panza al aire,
si de pronto le surge el miedo a endurecerse también como las ostras, moluscos bilingües que del barro han nacido?
¡No! Vamos a balar despacito este mambo,
a hacerle creer a las ovejas que sabemos lo que es el respeto…
Desplacémonos, luego, calladitos,
a la izquierda o la derecha, para dejarle pasar
con toda la miseria de su fracaso a cuestas.
En el análisis interno del texto como monólogo, distingo:
1. Una primera etapa de desahogo, que llega hasta el final del poema o cuadro Margen de error.
2. Una segunda etapa en la que el monólogo se vierte hacia un interlocutor mudo, a quien se le habla de manera directa: “No pueden gustarte las flores, /… Jamás debes haber probado la miel,/ … Nunca haber sonreído completamente … Tampoco puedes haber usado… Tú, que sin dudas desde el principio de los tiempos… (poemas Requisitos y Factor de Riesgo)
3. Una tercera etapa: “discursiva” e impersonal (poemas Preliminares, Reflejo Invertido y Materiales).
4. Una cuarta etapa, la más descollante en cuanto al lirismo de la obra, Anónima y Salvaje, donde, con belleza afincada en las imágenes poéticas, el yo poético se desnuda por completo en un monólogo íntimo cargado de sinceridad personal.
5. Vuelve a retomar su discurso impersonal y baja la tensión lírica del texto. Esta quinta etapa es la más larga y monótona, finalizando con el largo Jardín abonado.
6. En esta etapa se incorporan las instrucciones o didascalias, dadas en off, como parte integral del discurso: intertexto vertido al texto; recurso literario que rompe el ritmo del monólogo y aleja al discursante de la obra (el yo poético) de los lectores (o espectadores).
7. Desde Ciclo-P hasta el final de Este silencio está bien, va la séptima y penúltima etapa, la cual marca la conclusión del monólogo.
8. En la octava etapa, a manera de colofón, retrotrae al narrador para que nos cuente los hechos finales: la muerte del “hombre” y el marchitar de los narcisos… En esta función final la autora o su yo poético se revelan a través del narrador, mostrándonos que los dos son uno mismo e involucrando, finalmente, al lector-espectador, para que reescriba la obra.
“Manual para Asesinar Narcisos” de Rosalina Benjamín, es, como ya expuse, un texto característico de su época, por su estilo y estética, que surge como necesidad y respuesta, a la vez, de la globalidad en la que estamos enrolados. Texto fronterizo entre la poesía, la narrativa y el teatro, que de manera dramática e ilustrativa nos presenta la difuminación de los linderos y la amplitud de los gustos en la creación y apreciación de las obras literarias en la actualidad hipermoderna en que vivimos.
©Eduardo Gautreau de Windt


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