La poesía de Guillermo Pérez Castillo: La belleza de la sabiduría poética

Guillermo Pérez Castillo, quinto de izquierda a derecha, como miembro
de la Academia de la Lengua
El poeta y pensador Guillermo Pérez Castillo, puertoplateño amante de la verdad y del saber, con la profundidad de pensamiento y la perfección de las ideas plasma en escuetos versos su sentir.
Cada quien puede tener una idea de la belleza y desde los griegos este concepto, tan etéreo y subjetivo, ha perdurado en el corazón de la raza humana de manera necesaria, pero distinta, como forma de abordar y evaluar todos los procesos de la vida, a través del pensamiento. Analizando la poética desarrollada por Guillermo podemos obtener planteamientos alternativos de lo que es la estética; aflorando una interesante idea de belleza.
Cuando entendemos la importancia de la estética a manera de los griegos, podemos comprender que belleza no es simplemente lo que nos agrada a la vista, al oído o al tacto; belleza es mucho más: es orden, es equilibrio, es distribución equitativa de las formas y las cosas, es perfección. Si aplicamos estos conceptos, por ejemplo en el lenguaje: belleza sería un lenguaje cuidado, hondo y de altura, limpio; que estimula de buena manera al pensamiento, al oído, a la vista, para, a través de todo y sobre todo, llegar al alma. Un lenguaje bello no puede ser disonante, grosero, chocante, en fin desagradable. En cualquier ámbito de la actuación humana lo bello debe agradar, estimulando lo positivo que hay en el hombre.  Considero que el ideal de belleza a través de la poesía, que tiene Pérez Castillo, lo expresa con su lenguaje poético escueto, sumamente cuidado en la forma y el fondo, con todas las reglas gramaticales y sintácticas habidas y por haber, cosas que él maneja a la perfección como lingüista. Los versos de Pérez Castillo se hace como sentencias, ya que persigue establecer verdades poéticas y hasta, quizás, verdades de vida, obtenidas a través de un profundo ejercicio de observación y contemplación de la naturaleza y de un intrincado análisis en  la profundidad de su pensamiento. Me parece que no es una poética fluida, ingenua, con gran ritmo, colmada de lirismo, es más bien, en la perfección del idioma, en la hondura del pensamiento, en la altura y la grandeza de las ideas y en los juicios expresados de manera poética que está el lirismo de su producción. Es poética para reflexionar. ¿Poética para un pensar?


El hecho poético de este creador privilegia la reflexión sobre el lirismo y el ritmo,  la hondura y altura de la palabra y utiliza las ideas para acuñar belleza, ya que es un cultor de la palabra. Su lenguaje es conciso y muy cuidado. Su estilo es misterioso, pero penetrante, rico en imaginación y metáforas simbólicas. Le preocupa la forma y el fondo  más que la musicalidad y hermosura en la vertiente poética, pues su ideal de estética es expresado a través del cuidado del lenguaje, la limpieza del mismo, la hondura del pensamiento y la sabiduría. Y esto último, sabiduría, es lo que proyecta su poesía. Es la clave de su poética. Si para los griegos lo bello era bueno, a mi entender, para Guillermo Pérez Castillo, poeta interiorista y uno de los creadores fundamentales de este movimiento, lo bello es sabio. Por eso para deleitarnos lo hace a través de poemas conceptuales con un profundo significado filosófico, psicológico y metafísico. Cada poema es un reto a la inteligencia y un cuestionamiento al orden de las cosas. Algunas composiciones se acercan al aforismo más que ser poemas mismos; son sentenciosos, pareciendo más fruto de la mente de un filósofo y pensador que de un poeta, pues su estilo es profundamente analítico, buscando la razón en cada cosa y en cada hecho o proceso de la vida. Él no ignora que su saber es la mejor arma que posee y la utiliza a conciencia y con maestría para construir sus “verdades poéticas”.
Pero, al analizar sus poemas, surgiría la interrogante del por qué la poesía como vehículo para el autor expresarse. ¿No sería más adecuada otra forma de expresión literaria para desfogar su carga?  Esta respuesta tal vez está en sus propias palabras: “Si construyo la poesía, si la materializo dentro del hecho histórico que llamamos poema, lo hago porque ella contiene el grito que no pudo ahogar la manada”. Conocimiento y pasión, binomio inseparable en las motivaciones internas de Guillermo Pérez Castillo, que de manera perpetua mueven y conmueven su ser. A mi entender, la poesía, como clamor, es la forma ideal para él lanzar sus gritos hasta la conciencia de los demás humanos. Él sabe que sus preocupaciones, aunque universales, son personales y que su visión de vida es única, aunque importante, pero sólo de él. La poesía le permite al autor, a través de su yo poético, manifestarse sin cuestionamientos, por parte de los demás y, que a través de sus poemas, acepten sus verdades  y juicios envueltos en el misterio de sus versos. La poesía, también, es la forma de plasmar su búsqueda interior y, a la vez, comunicarse con Dios; un Dios: creador, natural, amado, sagrado y personal. Pues en su poética, cargada de simbolismo esotérico, no está ausente el Cristianismo bien entendido, como luminosidad,  amor, entrega, de un DIOS “que se degrada en levedad y se deshila en pedacitos en el polvo”. 
La poesía es luz, aunque el poeta ande entre sombras. La poesía es una realidad aún siendo producto de la imaginación del poeta. El poema es un hecho tangible, armado de los instrumentos abstractos y etéreos de la palabra y la intuición del poeta.
La literatura es un mundo ficticio frente a la realidad tangible y material de la vida cotidiana y dentro de esa ficción la poesía, proveniente del mundo interno del poeta, por observación y abstracción de todo cuanto le rodea y le conmueve, desde el exterior a su interior y desde su interior mismo; ella, es decir la poesía está cargada de la realidad interna del poeta, que aún subjetiva e irreal para los demás, es totalmente real y hasta tangible para el poeta mismo y para todos aquellos que, en contacto con el poema, sean arrastrados también a esa realidad. De ahí que, cada poeta, a través de sus poemas, va elaborando su mundo poético, cargado de sus realidades interiores y sus certezas de vida. Cada poeta tiene su verdad para cada cosa, y en visión plural: sus verdades poéticas interiores. Estas, si llegan a convencer a los demás, dentro del mundo poético, son reconocidas como verdades poéticas. Las verdades poéticas pueden ser tan inmensas que puedan considerarse verdades de vida. Estas últimas, se consideran revelaciones que le son dadas al poeta, como gracia a través de su don.


En la creación poética de este puertoplateño, se cumple la conocida condición del poeta como transmisor y forjador de verdades. Desde la antigüedad a poetas y filósofos, a místicos y pensadores, se les daba el privilegio de revelación o descubrimiento de las grandes verdades de los misterios de la vida; sostengo que hoy en día, con la escasez de filósofos es a los poetas, que corresponde la responsabilidad de proclamar, con lirismo y hermosura, para que llegue al alma, las grandes verdades y los cuestionamientos de la existencia humana. La poesía, como lenguaje especial, posee licencias en el lenguaje, en el pensar y en el sentir mismo para la raza humana, que la tornan como vehículo o manera ideal para expresar lo más profundo y alto del pensamiento humano. Se origina en el alma del poeta y cala hasta el alma del lector. Conmueve pasiones  con ideas y sentires, por eso puede penetrar a la conciencia de cada cual. Es por tanto, que la poesía es,  y siempre ha sido, ánfora para la sabiduría ancestral del universo y de la raza humana. Guillermo es un amanuense de ese saber poético ancestral, heredado por poetas profundos como él, comprometidos a proclamar las verdades que le tocan y le llegan a través del hecho poético. Quizás, en otro tiempo fuera él un filósofo o un profeta, un maestro o un pensador de alguna corriente o escuela del pensamiento, pero, tal vez por el tiempo que le toca vivir, es simplemente un poeta.


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