La letal desnudez de una auténtica e íntima poeta


Rosa Silverio


Como una ofrenda a nuestros días,
antes de que se oculte el sol de octubre,
antes de que no haya mariposas en la carne
y antes de que todas las puertas interiores
Se hayan cerrado para siempre.
RS

La poesía, más que las demás artes, es fruto de una profunda vivencia humana. Por eso aborda lo existencial de nosotros: los temores del vivir, el peso de la vida cotidiana, el temor por la identidad, el amor, el desamor, la soledad, el dolor, la muerte. Y mientras más auténtica sea la expresión de ese ser interno, el yo poético que canta, más original, profundo y, por demás, auténtico será el producto que surja del proceso de introspección lírica, por medio de la intuición. Y en esto es precisamente el sufrimiento espiritual, la angustia, el padecer del alma, la principal argamasa para la poesía; ya lo dijo, hace mucho el gran pensador, ensayista y poeta Jorge Luis Borges: La poesía nace del dolor.
Mas todos sabemos que para ser auténticos debemos permitir que aflore de nuestro interior todo lo que poseemos: angustias y temores, tormentos, incertidumbres, anhelos; es lo que llaman nuestros ángeles y demonios íntimos. De ahí que, todo escritor, y en especial el poeta, tenga que desnudarse y mostrar gran parte de lo que es y cómo es, para lograr exprimirse el alma, sacándole partido a sus tormentos. Es un bello proceso de sublimización gracias al don de la creación, para beneficio de todos, tanto para quien lo realiza, como para  quienes lo consumen.

Rosa Silverio
A lo largo de la historia del arte son innumerables los creadores atormentados que han podido sobrevivir exorcizando sus “dolores” para curar sus heridas. Por eso es que siento la irrefrenable necesidad de repetir la frase anteriormente citada de Borges, pero ahora completa: “La poesía nace del dolor. La alegría es un fin en sí misma.” El fin de la alegría todos lo conocemos, pero… ¿no será, entonces, que uno de los fines del dolor es hacernos parir poemas? Todos sabemos el poder trasfigurador del dolor; este nos cambia, nos sacude, nos acerca más al otro, a nosotros mismos y a lo Supremo, a lo absoluto. Visto así, entonces, la creación poética viene a ser, quizás, el non plus ultra de la sublimización del dolor, solo posible en los seres sensibles y dispuestos a este tipo de manifestación del espíritu. 
 Al  adentrarme en  la obra poética de Rosa Silverio es imposible apartar de mí todo lo que sé sobre Alejandra Pizarnik, esa inmensa poetiza argentina, de corta existencia y de larga repercusión mundial. Y trazo un paralelismo entre ambas: mujeres, creadoras, con una absoluta y definida voz propia y femenina, espoleadas por turbulencias internas similares,  que sublimizan sus angustias y temores vertiendo en la poesía su soledad, sus desgarramientos, sus amores y desamores y su atracción por la muerte. Así como Alejandra Pizarnik escribió una obra íntima, lo mismo ha hecho Rosa Silverio. Y de ambas deseo subrayar, por último, uno de los más importantes rasgos de la buena poesía: la autenticidad. Pero no es mi intensión continuar ahondando en las coincidencias ni estableciendo las diferencias, obvias, entre ambas creadoras y sus poéticas, que podría ser objeto de otro ensayo, sino que solo es un punto de partida para desglosar las características de la poesía de esta creadora santiaguera, que es Rosa.

Rosa Silverio
A partir de la autenticidad poética citada quiero abordar el análisis de su creación lírica. La naturalidad con que su yo poético se explaya, al poetizar, raya en lo chocante, por su estilo directo y hasta descarnado. Claro está, que dicha naturalidad la legitima, pero deja manifiesto un ser lírico totalmente al desnudo, que no se esconde detrás del velo de misterio, de la bruma, que han utilizado ancestralmente los poetas. Es que estamos ante un sujeto lírico transparente, que no le importa, ni le interesa, desdoblarse o separarse del yo personal de la mujer que escribe, que sufre, que vive y que siente; y como poetiza con sus experiencias y vivencias, su cotidianidad, su intimidad, sus deseos y apetitos, sus tristezas y sus sentires, no tiene reparos en cantarlos de manera directa, sin ambages, sin tapujos ni artificios literarios. En su estilo las imágenes, metáforas y tropos son los vehículos de su decir, para que sea poético, pero no son artificios ni subterfugios, como en otros poetas.
Uno de los rasgos que aflora en su poesía es la manifiesta intención de la autora de revelarse por medio de su yo poético, definiéndose, afirmando y reafirmando su identidad constantemente en sus composiciones. Por eso utiliza frecuentemente el pronombre personal yo, o sus correspondientes formas pronominales (me, mi, mía). También por eso con frecuencia se nombra, utilizando su nombre en la doble vertiente, la real (nominativa) y la metafórica (como flor):

Rosa, la de la piel arrugada,
la del aroma triste,

Pero en ese mismo poema titulado Rosa lo utiliza simbólicamente:

Rosa de jirones grises,
muchacha de trapo, veleta del tiempo,

O en el poema Soy, con los versos:

la del olor a rosas,
mariposa encerrada
en su propio vuelo.

A lo largo de toda su obra se nos define como rosa, como mariposa, como mar, como espuma, como camino…

Ahora soy el mar,
olas dilatadas en la arena, (El Mar)

Yo soy la espuma que rebosa
en el jarrón de mis sueños,
Soy el camino agreste que enarbola mi alforja,  (Pajarera)

Es que precisamente en esta revelación de su identidad o de afirmación de su yo, ella se hace una  con las cosas (con el mar, las olas, la espuma o el camino. Esa es una cualidad preconizada por el movimiento interiorista, de cuya fuente originaria bebió la autora y es una peculiaridad común de los verdaderos poetas.

Ya he dicho que, en la poética de Rosa Silverio, todas sus angustias y pesares son vertidos abiertamente como materia prima de sus versos. Y como Pizarnik, hace una extracción de la piedra de la locura, y no teme poetizar con sus infinitas turbulencias, desgarradamente como plasma en el poema Locura: 

Este animal que llevo dentro
que abre sus fauces
me muerde
se alimenta de mí
Este animal que llevo dentro
al que no puedo combatir con ninguna arma
esta fiera que intento sacarme cada día
terminará devorándome y condenándome a la muerte.

Y con sinceridad confiesa en el poema Miedo:

Pero lo más probable sea que no pueda evadir
el curso inevitable de mis aguas,

Por eso es que su lirismo brota de sus sombras y sus vacíos, de su melancolía y sus tristezas; por tanto intitula sus poemas: Que angustia es esta…, Mi tristeza, Nada es más tristes, Si yo muriera, Mustia, Lúgubre, Lágrima, Abandono, entre muchos otros que revelan el estado del ánima del sujeto lírico; a quien no le importa desnudarse a través del poema siempre, y que A veces, también puede ser: un río de propuestas, / una idea voladora que huye / de la inercia, del tedio, / y de los múltiples laberintos / en los que a veces me encierro. Es que, como lo dice en versos: Tan solo la poesía me ilumina. / Nada más.
Ahora es fácil entender porque se considera un Arma Letal. Y nos lo dice con gran hermosura:

Soy un arma de destrucción masiva
Soy toda vértigo
un dolor que no cesa
un silencio, una huella que se borra
una carta cuya tinta desaparece
y con ella toda mi historia
Soy la que carga consigo los estigmas de la muerte
una paria, el pecado cometido a escondidas
A lo lejos escucho rezos en mi nombre
Ninguna plegaria podrá salvarme
Ningún amor me rescatará de este infierno
Conmovedoras y profundas revelaciones de un ser que vive en su Encierro, que sufre en carne propia el látigo incesante de su sino, por eso coquetea con la muerte, la sueña, la desea:
cómo me he perdido,
cómo me he vuelto a encontrar
y cómo quisiera arrojarme abruptamente hacia el vacío. (Encierro).
Dormir.
Despojarme de las alas
y arrojarme al pavimento. (Descanso).

Se ha hecho tarde
es la hora de agrupar las pastillas,
de acariciar el borde del vaso,
que silenciará este enorme vacío.
(Lúgubre).

Si yo muriera
se dormirían para siempre las flores,
No quiero nada póstumo,
denme ahora las flores,
no la guarden para el día
en que los pájaros vengan a buscarme
(Reclamo).

Por  eso ha clamado a Dios, en algunos momentos:

Mis cántaros están vacíos
¡Oh Dios! ¿Qué perfume puede llenar
la ausencia de esta agua tan clara?
Deja que tus cuencas llenen mis vasijas,
dame a beber de tu sabia
ahora que me refugio en los recovecos de tu amor
y me entrego a ti completamente desnuda.
(Cántaros).

De los versos anteriores rescato un término, que es a la vez un símbolo clave en el imaginario de la autora: desnuda. Desnuda es el título de un poema, el nombre de un poemario y una divisa escritural, base de su mensaje, utilizado, sabiamente, en todas sus vertientes o acepciones: la literal y directa y la metafórica, etérea o ¿metafísica?

Desnuda soy hermosa,
agua que se derrama de a poco
Desnuda soy un pájaro sin prisa
Desnuda soy violenta
Desnuda soy honesta
(Desnuda).

… mientras contemplaba
mi desnudez y mi sombra,
y las piernas que se abren
como flor a la mañana?
(Acaso fuiste tú).

Pero no debemos confundir siempre la desnudez corporal y la entrega a través del sexo, lúdica, libidinosa, tan solo con vacuidad. Para el yo poético de Silverio la desnudez es una forma de autenticidad, útil, directa, provocadora, chocante; es un quitarse el disfraz, es presentarse sin máscaras, tal cual es. Entonces el sexo sería una forma de sublime entrega, ritual, efímera, total aún pasajera; y el clímax cumpliría su primitivo rol de pequeña muerte (¿recuerdan “la petite mort” de los franceses?). Y otras veces es un escape. Es como la risa, que a veces es una forma de expresión tan honda y dolorosa, que nos debe mover a reflexión; ya lo dijo Juan de Dios Peza, a veces “el alma llora cuando el rostro ríe”, o como nos dice Rosa Silverio:

que quizás bajo la risa haya una lágrima,
un agujero hondo, una lámpara rota,
una lechuza herida,
una pantera que se filtra por las rendijas de la noche
en busca de otro sueño,
de otra carcajada,
de otra víctima,
de otro salto hacia la nada,
del último zarpazo que le dará la
oscuridad.
(Sueño estéril).

Por tanto, creo convencido, que la relevancia del sexo y el afán de desnudez en su poética son el contrapeso, la otra cara de la moneda, al obsesivo tema de la muerte. La muerte como fin del viaje, que es la vida, la muerte como liberación de la angustia infinita, como descanso al sufrir, como recompensa al penar. En sus poemas, el sujeto lírico, llama a la muerte, la desea, la poetiza como sueño, la idealiza como solución final a su viacrucis. Tánatos detrás de Eros. Carne y desnudez, cuerpo y sexo: total entrega, autenticidad de lo vivo, que revolotea como mariposa, cediendo sus aromas como una rosa, roja como la sangre, hermosa, con suaves pétalos y duras y afiladas espinas. Es que, después de todo, desnudez, sexo y muerte son formas de liberación. 

Sí liberación. Liberación es lo que busca, desesperadamente, el ser lírico que canta y esto lo ha logrado a través de la escritura. Múltiples veces nos lo dice, a lo largo y ancho de su poética, como en el poema único de largo aliento, monotemático dividido en estrofas numeradas  “Matar al Padre”. A manera de monólogo interactivo, armado en versos libres de carácter narrativo, en el que el yo poético rememora y analiza los hechos del pasado, a modo de confesión y, a la vez de pase de revista y ajuste de cuentas con el pasado. Humano, desgarrador, espontáneo. Con ritmo fluido y ágil, sin rubor nos dice en versos:

Escribir es esto / una entrega absoluta,
un estremecimiento, un huracán,
un vaciarse,
un dejarse habitar por la poesía,
un nadar mar adentro
hasta el fondo,
hasta el mismísimo fondo
de uno mismo.
(Matar al Padre).

Y más adelante agrega, en el mismo poema:

La poesía no viene a mí
para imponer una palabra
ni una estética.
La poesía viene hasta mi vera
para que yo me calle,
para que me vuelva añicos,
desaparezca
o me haga sombra

Aunque cree que no sigue una estética, su poesía tiene importantes rasgos de la posmodernidad a que está inmersa. Su simbolismo es constante y definido:

La casa, con su deseo de volver (vuelta a casa); azul, piernas azules, pies azules, tristeza azul; naranjas, gusanos; Jarrón, jofaina, cántaro desbordado o vacío; grietas en las paredes, agujas (Coser, bordar y reparar sus heridas) y la barca, a veces en la que ella va, otras su vida misma y la más contundente, la que la espera al final de la vida.
Pero los más importantes y constantes símbolos son la rosa, ya analizada, y la mariposa. En la literatura universal ella representan el alma femenina, (encierra la delicadeza, la fragilidad y su vuelo suave y lleno de calma evidencia el gran aspecto positivo de ellas). Los antiguos celtas reconocían a las mariposas como hadas y se creía incluso que eran pequeños seres voladores con poderes sobre-naturales. Y otras Culturas asocian a las mariposas con la metamorfosis y su capacidad para ser nexo entre la vida y la muerte, afirmando que ellas son capaces de preservar vidas del pasado y darles la oportunidad de regresar a la vida bajo la apariencia de hadas. Considero que, consciente o inconscientemente, la autora les da un significado muy cercano a los citados.  Y ya he establecido, con sus versos, que ella se idealiza como una mariposa, mariposa-mujer, mujer-mariposa,  un ser alado sensible, delicado y sufrido.

En fin, para mí, Rosa Silverio es una rosa que en vez de pétalos, fue urdida en versos y en vez de aromas lanza al viento cantos. Que no teme exponer la desnudez de su alma, pues nos muestra la esencia de su íntimo ser. Un yo poético forjado en el dolor y el sufrimiento, que se alimenta de pasión constante, que poetiza en versos libres, rítmicos, directos y descarnados, pero con gran riqueza de imágenes poéticas, hondura conceptual y alta hermosura. Usando el caudal de sus vivencias y pasiones, de sus miedos y angustias interiores, concitan al amor, a través de la carne, y desafía a la muerte y coqueteando con ella, escribe poemas ardientes y encendidos. Que pende de sus propias culpas, que amasa su dolor, sueña su pasado, mas remonta al futuro, alucinando con cada circunstancia, con cada dolor, con cada desgarramiento.  Esa rosa es mujer de este tiempo, es amazona insigne de otros mundos eternos. Su poesía es rebelde, desafiante y profunda, pero colmada de ternura, impredecible, desquiciada y tierna a la vez.

©Eduardo Gautreau

Comentarios

Entradas populares de este blog

Saber Espiritual, histórico y dramático envuelto en la ritmicidad y la hermosura de una acertada lírica

Irreverencias de un profundo y libertino poetizar

El estado de Gracia que persigue un fausto Zorzal que gime a lo Absoluto: René Rodríguez Soriano