La ira versificada de Blas Jiménez


Blas Jiménez

Y se elevó altivo, como su propia raza,
que era la misma mía, la tuya y la de aquel,
mas él la hizo suya.
¡Él la hizo más suya al elevar su canto!

EGW

La poesía, como expresión libérrima del alma, es el medio ideal para los cantos y lamentos que provienen del hondón de la existencia humana, chamusqueados por el dolor y el profundo sentir, auténticos por demás, de los sufrientes. De ahí que, cualquier expresión natural de pueblos y cantores que contenga un decir, una denuncia, un narrar cargado de una fuerte y significativa emotividad, puede ser considerada poesía. Por eso, cantos y lamentos provenientes del alma de los pueblos y transmitidos oralmente de generación en generación, independientemente de la carga estética y de la estructura lingüística que posean, por su simple significación histórica y por su sensible forma de expresión del ánima, pueden ser considerados dentro del quehacer poético, distinto a otro tipo de quehacer literario. La expresión poética es quizás la más libre de todas las expresiones literarias, ya que no está atada a las normas y cánones de las otras expresiones, verbigracia el relato, el cuento, la novela o el ensayo. Ella tiene la gracia de que su materia prima es más natural, auténtica, voluntaria, volátil si se quiere, pero más profunda que en la que están fundamentados los géneros literarios. La poesía proviene del alma de alguien motivado por su entorno, por sus necesidades, por sus dolores, y en su ser interno es impactado y sacudido, experimentando la urgente necesidad de gritar, lamentarse o cantar, como expresión de su conmoción ante el hecho humano que lo estremeció. Sabemos que toda persona tiene la capacidad creativa potencial para expresarse en versos. Dicho de otra manera, cada uno tiene un poeta preso dentro de sí, y siempre que lo deje cantar de manera auténtica, si tiene sensibilidad creativa a través del lenguaje, puede hacer poesía. De hecho, por eso es muy difícil de definir y caracterizar, de manera estricta, lo que es: poesía. Y es muy variopinta, la gama de composiciones contenidas dentro de este género literario. Por eso creo firmemente, que toda poesía, que como obra de lenguaje está hecha de palabras, y como arte contiene las emociones propias del alma humana que le dio, origen tiene un fin o sentido. Lenguaje y emociones, que como expresión del pensamiento, tiene un fin determinado, a veces muy claro y directo, muy a ex profeso, una causa u objetivo específico. Es por eso que la poesía, ancestralmente ha sido un arma de lucha de hombres y pueblos; ha sido un vehículo para cantar mensajes, por alguna causa justa o injusta; así también un medio, muy efectivo, para mover emociones, motivar el pensar y conmover a los demás.
La negritud, es una causa humana, altamente justa, que ha clamado, mediante la poesía, a la conciencia humana, desde un ayer cercano a nuestros días. Con la poesía se puede lograr más, mucho más, que con otros medios de lucha y/o concientización de masa. Estableciendo claramente que la negritud, hoy más que nunca, trata de la dignidad del hombre, de la libertad de todos, y de la igualdad que conlleve a la equidad de los que “por lo bruno de su piel gravitan en el fondo de lesa humanidad”. El hombre preso en la discriminación, el racismo, en la opresión y la pobreza de su subdesarrollo, se torna dependiente de una de las vilezas más grandes que a través de la historia él mismo pudo inventar: la explotación de los demás tildados inferiores. Así los “negreros” han fundamentado “un modelo de desarrollo” que como estatus quo se mantiene hasta nuestros días y que ha motivado como contra-reacción: dolor, sufrimiento, ira, rebelión, dentro del conglomerado históricamente victimizado a lo largo del tiempo.

Blas Jiménez

La negritud, desde ambos lados a evaluarse, es decir, desde ambos posicionamientos, en pro y en contra, es un asunto de conciencia humana, y como tal, debe ser llevado al terreno de la conciencia, para combatirlo y superarlo, mejor aún, enalteciendo a esta es la única forma de erradicarla por completo. La poesía, como expresión y forma enaltecida del lenguaje es una forma ideal de allegarse a la conciencia en torno al flagelo de la negritud.
En Blas Jiménez, la poesía, con todo el peso de su emotividad vivencial, fue un medio de denuncia, de combate, de lamentos y concientización contra la hostilidad que representa la discriminación social, política, económica e interpersonal, sostenida y perpetua, la discriminación negrera. Blas utiliza el libre vehículo de la poesía, con toda la comodidad y permisibilidad que ella brinda, para transgredir desde el lenguaje, y al lenguaje mismo, su entorno, su sociedad, su pueblo, su país, su continente y el resto del mundo que le tocó para vivir. Para ello, apela a la historia, universal y humana, ancestral y reciente, de toda una raza victimizada a través de los siglos, su raza. Pero como poeta, también utiliza su historia personal y familiar como argamasa para gestar su hecho poético. Siendo este, precisamente, profundamente personal, familiar y humano; es decir que convirtió su propio “trauma” en algo útil y enaltecido, al trasvasar su ira  en poesía. De ahí que,  los versos libres, dispares, disrrítmico y transgresores, son la ideal manera del Blas poético expresarse. Y desde el lenguaje mismo que utiliza se evidencia la firme intención del combate, del choque lanzado contra todo lo establecido: la estética poética, la religiosidad tradicional y la moral socialmente aceptada. Por eso su poética es provocadora, cuestionadora, irreverente y hasta sacrílega y blasfemante. A él no parecía importarle sublimizar su decir, acomodándolo, como hicieron otros escritores de su época. Es más, hasta el hecho mismo de renegar a esa condición, la de escritor, llama y choca la atención de su posible lector frente a su texto mismo. Blas Jiménez fue un combatiente de la palabra poética, y a mi entender, combatió a la misma poesía, tradicional y ancestralmente establecida (estatus quo poético) de la época. Su negritud lo llevó a ser un rebelde con causa: su lucha contra las injusticias, contra  la discriminación, contra el  racismo  y las opresiones de tan distintas formas que nos tocan para intentar aplastarnos”.

Blas Jiménez
El poeta Blas Jiménez nos legó su poesía, llena de ritmo y tambor, llena de alegría y penas, al cantarle con su alma a toda una raza entera, al jugar con las palabras, en su disposición y utilización, logrando, a veces, un son con sus palabras al plasmar versos con un tam tam en ecos y  un vaivén de olas y un rumor de mar, propios de un hombre de su color y raza, de su origen caribeño y su profundo arraigo familiar. En su simbología poética se derrama la naturaleza en todas sus expresiones, campesina y costeña, en los términos: caña, bueyes, caballos, mar Caribe, azul, anchas aguas, cañaveral, etc. Pero los más fuertes y recurridos símbolos a los que apela el poeta, son los relativos a la negritud dominicana y regional: negro, bembón, balsié, bembé, negrito, mamá Tingó, Lembá, Babalú, afro, afroantillano, prieto, indio, yumbo, mumba, etc. Y por otro lado, enaltece otros términos muy dominicanos o de uso particular en nuestro pueblo, muchas veces olvidados por creadores literarios, como: Chele,  romo, romito, majadera, cuela, foete, nalgas, cojones, mierda, hediondo, chulo, etc.
Al utilizar estas palabras, en la simbología de su imaginario poético, Blas, enaltece lo dominicano, lo afro dominicano, lo afroantillano y la negritud en general. Intenta ser totalmente auténtico, sin importar los cuestionamientos y la crítica, al utilizar términos vulgares, que rayan con la estética del lenguaje mismo. Él quiere llamar la atención y lo logra, consciente y abiertamente. Maneja el lenguaje a su antojo, para su producción poética con su estilo personal, por eso al dar el salto a lo internacional, tratando de extenderse al mundo de la negritud angloparlante, utiliza frases completas y términos en inglés, cosa esta que no es ajena a nuestro mundo negro dominicano, específicamente, por los cocolos que enriquecieron la cultura criolla en toda su expresión nacional. El hombre, antes de ser poeta, no era ajeno a este mundo, y cuando le toca expresarse en versos echa mano a su memoria, a sus  vivencias, como todo auténtico creador.
Pero se me antoja creer que Blas Jiménez, ilustrador de nuestro mundo negro, luchador en pro de la negritud, maestro, activista social y político, que como creador fue poeta, teatrista y ensayista, es, en este último y específico renglón, que nadó de manera más profunda y lejana, logrando plasmar su más aquilatada obra. Es el ensayo, donde se revela el auténtico y más depurado escritor que fue Blas Jiménez. En su libro, intitulado de seudoensayos, “Afro dominicano por elección, negro por nacimiento”, por demás su última obra, es donde, personalmente aprecio al Blas escritor “sosegado, crecido, depurado y maduro”. Por eso, con perdón a su memoria, y sin saber “qué tanto se sentía poeta”, considero que la muerte tronchó la trayectoria y obra de un excelente ensayista dominicano y afrocaribeño.
 Hay hombres que se van, cuando les llega su hora, pero nos dejan su obra para ser recordados por encima del tiempo. El poeta Blas Jiménez nos legó su poesía, sus artículos y sus ensayos, que forman ya parte de la literatura nuestra y que nos enseñan una nueva manera de mirar la negritud y la dominicanidad, al abordar un problema fundamental en ambos tópicos: el terrible problema de la identidad personal e interna, volcada en lo social, nacional e internacional. El tremendo estigma negrero que trastorna la íntima aceptación de su condición corporal fenotípica en muchas personas, aún hoy en día, conllevando a un doloroso drama existencial, para aceptarse ellos mismos como negros. Este drama es lo que motiva que los dominicanos no nos reconozcamos mulatos y negros mezclados,  autodenominándonos “indios” o morenos, huyendo como el diablo a la Cruz al término correcto. Desdiciendo de nuestra herencia y nuestra historia, afectando más allá de lo externo el pensar del hombre y la mujer, es decir del pueblo mismo que constituimos, insertos en el concierto de pueblos caribeños y latinoamericanos. Esta es una herida que todavía no ha curado; es un problema no resuelto por nuestros educadores, pensadores, filósofos, líderes y gobernantes. Aunque todos sabemos, “que s tenemos el negro detrás de la oreja” ahí lo queremos dejar. Es otra vertiente de nuestra problemática identitaria nacional.
Esto último, es una prueba más de la utilidad de los poetas y la poesía: “el llamado a la conciencia humana”, “el señalamiento de los problemas fundamentales de la humanidad”.  Blas, como los dos gigantes Aimé Césaire y Sédar Senghor, es el poeta y pensador que viene, ligeramente airado, dolido y conmovido, a gritarnos a la cara nuestra estúpida actitud, personal y colectivo, ante nuestra propia condición de negros. Ahí radica la grandeza de la obra literaria de Blas Jiménez, poética y ensayísticamente, imperecedera, histórica, útil y necesaria, sabe Dios por cuánto tiempo, para nosotros, dominicanos y afro caribeños.

Recantemos  a Blas para encontrar la esencia de su poesía y sus mensajes, ya que su poética no fue vana, como simple expresión lúdica, o manera de jugar con el lenguaje. No. Fue una poética consciente y responsable, que trata sobre un hondo problema humano, universal, ancestral, de todos y de nosotros: la negritud. Al ritmo de tambores, hoy sin lamentos en el alma y sin foetes a la espalda, utilicemos el legado de este gran dominicano, para llegar a la conciencia de los demás, para transformar las viles creencias y posicionamientos que denigran la grandeza del hombre al pensar y actuar como verdaderos enanos unos contra los otros.
Reitero que negritud es dignidad, es libertad, es justicia, por eso también es poesía.
Honor al hombre y al poeta, exaltemos su memoria con lo mejor que dio.



Tambores y Lamentos

A Blas Jiménez

Su tambor palpitante desafiando lo claro
cantó siempre muy alto
por una sola causa,
por la causa infinita de los que por su piel
gravitan en el fondo de lesa oscuridad.

Y se elevó altivo, como su propia raza,
que era la misma mía, la tuya y la de aquel,
mas él la hizo suya.
¡Él la hizo más suya al elevar su canto!

Su desafiante canto por el dolor sentido
en sus oscuras carnes,
desde que el estallante látigo de la historia
chasqueara amenazante,
permanente y constante,
a través de los tiempo, hasta el día de hoy.

Pero, partió el poeta una tarde de otoño,
caminando pausado toda esa larga tarde
y arribó a la noche, brillantemente oscura,
para dormir tranquilo, eterno y comprendido
en la luz permanente, como premio a su canto.

Desde esta isla sepia desgarrada por dentro
que no acepta aun lo mulata que es,
partió trashumante y libre, como siempre había sido,
con su tambor a cuesta, con su tambor callado,
Como Lembá y Tingó, por tu raza y la mía.
con su tambor acuesta, como siempre cantó.

Se acalló su tambor
¿Quién cantará por él contra el chasqueante látigo
que inquieto se agita sin nunca descansar?
¿Quién alzará su voz clara y trepidante
por las oscuras causas de los sufrientes nuestros?

Que lloren los tambores en notas sus lamentos
que desafíen los látigos estallantes de hoy
que el poeta ha zarpado
en la tarde de otoño
a la noche eterna, brillantemente oscura,
a la gloria infinita el amigo se fue.

©Eduardo Gautreau de Windt

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