La indisoluble copula entre el Pensar y el Erotismo
-¿Quiénes son, Diotima, entonces, los que aman la sabiduría,
si no son ni los sabios ni los ignorantes?
- Hasta para un niño es ya evidente que son los que están en medio de estos dos, entre los cuales estará también Eros. La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría, filósofo, y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante.
El Banquete. Platón
Dos pasos inmensos en la evolución de nuestra especie, hasta tornarse humana, lo fueron: el adquirir la posición erguida, dándole paso al homo “erectus” y el alcanzar el pensamiento y la palabra, para que surgiera el homo sapiens. El primero parece que determinó, necesaria y obligatoriamente, al segundo pues, al liberarse las extremidades superiores de la función de locomoción, facilitó su accionar e interaccionar impulsando la del pensar, y surgió, con más ahínco, la gesticulación como apoyo al proceso de comunicación. Al desarrollarse el lenguaje, primitivamente, este sagaz e intuitivo ancestro nuestro, con las manos libres, inventó los símbolos para plasmarlos imperecederamente surgiendo la escritura [en piedra, arcilla, madera, cuero, vegetales (papiro, papel) y de ahí, en una larga y sostenida carrera, hasta alcanzar el microchip actual]. En concatenación y concomitancia este homo erectus se fue tornando, en otras vertientes, en homo eroticus y homo aesteticus. Ambos complementarios y determinantes para convertirse en sapiens. Ya que sus fenómenos, erotismo y estética, íntimamente interrelacionados entre sí, son propios del conjunto de procesos sapienciales, es decir son procesos de pensamiento. Hoy por hoy, el erotismo es fenómeno de estudio de la Neurociencia en aras de comprender el desarrollo de las emociones y en él, del erotismo desde las funciones cerebrales complejas incorporando las estructuras cognitivas que constituyen en diálogo con el universo emocional, la condición erótica. En definitiva, se reconoce la importancia del rol del erotismo, y que decir de la sensibilidad estética, en nuestro desarrollo cognoscitivo.
Pero esto, no reconocido por la ciencia hasta ahora, no era desconocido para los antiguos griegos, ya que para ellos Eros, el dios alado, deidad primordial que encarna no solo la fuerza del amor erótico sino también el impulso creativo de la naturaleza, Luz primigenia responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos, es un amante del saber, es decir, un filósofo. Estableciendo una importante relación entre la erótica y el saber, en la concepción de Eros en el pensamiento griego parece haber dos aspectos, el primero es el amor y apetito de belleza y el segundo la aspiración al saber.
Es su magistral tratado El Erotismo, Georges Bataille, establece que: “El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre -y más adelante agrega- El erotismo es lo que en la conciencia del hombre pone en cuestión al ser.” Y si como nos dice ese gigante poeta y ensayista, Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, en una de sus más celebradas y útiles obras La llama doble, documento insuperable sobre el erotismo: “el encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado… el cuerpo es una presencia, una forma que por un instante es todas las formas del mundo,”, yo añadiría que, luego de la visión viene el pensar lo visto, es más, el ver total y completamente implica un inmediato “pensar”. O sea, luego de mirarse el cuerpo deseado hay que erotizar con el pensar.
Pero, para cerrar este círculo, quiero recordar los diferentes saberes planteados por Emmanuel Kant: Conocer, Pensar y Saber. En los cuales, el conocer requiere de la intuición y el concepto; el pensar es conocer sin tener la intuición, es decir, el concepto y saber es el conocimiento verdadero. Simplificando, el pensar es la clave para el saber verdadero. En palabras del escritor colombiano Francisco Cajiao, de su artículo SABER Y PENSAR: Es claro que el conocimiento universal, el progreso científico, la creación artística y la reflexión filosófica surgen de personas que piensan mucho sobre aquello que saben y llegan a cosas nuevas que naturalmente no sabían ni tenían dónde aprender.
José Mármol como poeta es Criatura del aire, ser alado que piensa y siente de manera constante para y por la poesía, como yo, como muchos, como tantos. Su poética, más allá de un pensar, es para un sentir. Un sentir en imágenes eróticas finamente destiladas, para las almas que saben captar el mensaje que difunden sus poemas. En ellos se conjugan perfectamente, más que en los de muchos, la doble condición del alto Eros: Saber y Sentir. Conocimientos envueltos en belleza para el estímulo del ánima, para superación del Ser, como lo propiciaba, desde nuestros sabios ancestros, aquel dios alado. Ya lo dice él mismo: Están en mí el poeta y el pensador fundidos, ya que concibe que el pensamiento unido al poema es sinónimo de alto vuelo y de franca libertad. Y como pensador lo sintetiza en su aforismo: Sentir el pensamiento. Pensar el sentimiento. Por esas convicciones como un dios Jano, tiene una cara para la poesía y otra para la filosofía, combinándolas gustosa y perpetuamente.
Aunque en este escritor es imposible separar al poeta del pensador, debo realizar una escisión obligada para circunscribirme exclusivamente a su poética. Mas como la misma es extensa, diversa y evolutiva, haré acopio de una significativa muestra de su prolífica producción: la antología personal que el mismo autor, aún inédita me remitiera, “El amor, ese quebranto”.
Creo menester destacar, que a pesar de que toda antología es excluyente en sí misma, esta, al ser recopilada y escogida por el mismo creador, lleva un sello distintivo y personal y si remachamos este planteamiento con el aforismo del mismo Mármol: La escritura es la huella visible del pensamiento invisible, (precisamente en él que considera la estrecha e indisoluble unión entre el sentir y pensar) tenemos en dicha obra una evidente muestra del decir de su ser poético –o yo poético. O sea, una radiografía de su alma, puesto que: Más que la vida de una persona, la obra de arte desvela la presencia única del lenguaje en la sensibilidad irrepetible de esa persona (JM).
Iniciemos entonces el viaje por la muestra lírica dada, de la que nos llama la atención su título: El amor, ese quebranto, que en verso ratifica: Es el amor, ese quebranto, habría de llegar,/ese doler que zanja más allá de lo sufrible,/tibio acoso de la muerte, pero que no es morir. (El quebranto). Desde antaño esta pasión elemental y casi obligada para el humano se ha catalogado como una enfermedad o padecimiento, que lleva a la cama a los amantes, y hasta a la tumba; que transporta a los afectados a la gloria o al infierno, indefectiblemente. En palabras aforísticas del marmóreo bate: No se vive, no se goza, se padece el amor. O dicho en versos libres: Amor es una senda en la nada tendida,/una saga del sueño, un tormento, una espina.(Cenizas de marzo). O cuando canta al mismo Amor: La experiencia del amor es indecible y nunca espera. / No hay palabra que decante la ternura de su horror. (Amor). Del que no puede escapar y siempre cae, pues: No hay palabra que resista la chorrera de su ardor. / La experiencia del amor es indecible y siempre llama. (Amor). Es que el yo poético que canta sabe que: El amor nos alumbra y toda pena sobra, / Nos adorna con cantos, bestias amansadas, limpias aves,/agrios curativos, incienso vesperal. // El amor nos fecunda y todo encanto vuela/ Y toda voz se queda vacía de su acento.// Hay en el perfil de su noche un aleluya. A pesar que: El amor nos consume, nos revive, nos destruye. / El amor, el que nos pudre y toda ruina es obra, / El amor, el que nos quema y sin embargo todo.(El Amor).
Con todo lo anterior podemos sostener, de entrada, que el título tiene soporte en el discurso poético contenido en la obra. Mas se me ocurre plantear una interrogante obligada: ¿Es el yo poético que canta un sufrido y atormentado ser por efecto del amor que lo subyuga? Buscaré la respuesta a lo largo de todo el poemario, mientras tanto proseguiré escudriñando.
Esta obra consta de 78 composiciones líricas, dispuestas en dos formas de presentación: Poemas, escritos en versos libres y variados, la mayoría de arte mayor; y composiciones escritas en monobloque, con una engañosa disposición de proemas, condición que no cumplen, por no estar escritos en prosa. En estos pseudoproemas se puede identificar claramente su constitución interna de versos, separados por el punto y seguido, con un individualidad propia de cada uno, además, con un métrica más o menos constante y un ritma libre que aflora al leerse y mejor aún al ordenarlos convencionalmente.
Verbigracia:
saudade de soraya (Disposición original por el autor)
la mañana precoz acoge mi cuerpo caído ya del género del sueño y sus demonios. revivo en un santuario de sonidos y libros. quedan amarrados en la tela. los contornos del cuerpo abandonado y frágil. al amanecer soy ángel entre hierbas sin aroma para el ritual del té. un ángel venéreo. sin mito. sin solio. un ángel profano. heptagonal. fugaz. soy la brisa de un barco ya surto en el olvido. impulso quejumbroso que tras una palabra. una idea. una misma emoción. un pasado. una joven forma de mujer se desvanece.
Al reorganizarle, siguiendo su estructura poética, obtendremos:
la mañana precoz acoge mi cuerpo.
caído ya del género del sueño y sus demonios.
revivo en un santuario de sonidos y libros.
quedan amarrados en la tela.
los contornos del cuerpo abandonado y frágil.
al amanecer soy ángel entre hierbas sin aroma
para el ritual del té.
un ángel venéreo. sin mito. sin solio.
un ángel profano. heptagonal. fugaz.
soy la brisa de un barco ya surto en el olvido.
impulso quejumbroso que tras una palabra.
una idea. una misma emoción. un pasado.
una joven forma de mujer se desvanece.
Es evidente el parecido estructural al poema del recuadro, dispuesto en versos por el mismo autor. Y si lo sometemos a mayor ingeniería toma mayor sentido poético:
La mañana precoz acoge mi cuerpo
caído ya, del género del sueño y sus demonios.
Revivo en un santuario de sonidos y libros.
Quedan amarrados en la tela
los contornos del cuerpo abandonado y frágil.
Al amanecer soy ángel entre hierbas sin aroma
para el ritual del té.
Un ángel venéreo. sin mito. sin solio.
Un ángel profano. heptagonal. fugaz.
Soy la brisa de un barco ya surto en el olvido.
Impulso quejumbroso que tras una palabra.
una idea. una misma emoción. un pasado.
una joven forma de mujer se desvanece.
Se nota claramente que, debajo de la máscara del pseudoproema, no existe diferencia alguna entre cualquiera de ellos y los demás poemas presentados en versos convencionales. Hay la misma estructura, el mismo ritmo interno variable y la misma distribución en rima que usualmente usa el autor para sus poemas. Hay hasta el mismo tipo de acabalgamiento, usado eventualmente, entre los versos. Más aún, en ambos utiliza los signos de puntuación -el punto y la coma.
Hay una diferencia en la aplicación de la mayúscula, usada como manda la regla en los poemas, y ausente intencionalmente en los pseudoproemas, en los que el autor utiliza solo minúsculas. Esto se contrapone totalmente al usual abuso de la mayúscula en la poesía contemporánea y es un toque particular de su estilo escritural.
Cada composición, poema o pseudoproema, tiene su título, aún sea un número o el que se intitula Sin título; técnica mixta.
Continuando con la forma del poemario escudriñamos en el lenguaje, como vehículo de su decir, constituido por un vocabulario amplio y rico, con salpiques de extranjerismos, neologismos y de palabras novedosamente inventadas o adaptadas para su lirismo. No hay rebuscamientos ni barroquismos. A pesar de haber fantasía y misterio, no es, a mi juicio, esta muestra poética, críptica o intrincada. Resalta el gran dominio de la lengua y la erudición del yo escritural responsable de todo. Demuestra su maestría jugando con las palabras y la sintaxis
(Tu boca dibujada por el mástil de mi dedo,
tu boca como barca de fuego sobre un fuego.
para formar imágenes poéticas de indomable belleza. Por ejemplo, la muy frecuente utilización de la enumeración, como recurso de estilo, para darle mayor fuerza a lo expresado, acentuando el discurso o describiéndolo mejor:
Era un amor de potros salvajes, mantarrayas, pájaros nocturnos, blasfemias, liebres, grillos. (Mentiras); Su voz hace la luz, el río, el trueno, el ave,
y un aroma de sándalo, yerbas, carnes vivas.
(Noche de palabras)...
y llega hasta a construir todo el poema enumerando como en Suite B, Hotel Da Vinci.
De otra forma, la repetición de palabras en un mismo verso o poema, como recurso literario, es muy comúnmente usada, pudiendo encontrarse varias de las figuras de repetición, aparte de las comparaciones y metáforas utilizadas. Por ejemplo:
-Anáfora: No el torrente de luz en su mirada.
No las firmes fronteras de su delta en el pubis.
No la forma exacta de arroparme con un beso.
No la magia tensa del aroma de sus piernas.
No hay palabra que resista la chorrera de su ardor. (Amor).
O mejor aún: La Montaña del Ángel comienza entre las nubes.
La montaña del Ángel termina en sus inicios, (La montaña del Ángel).
El amor nos consume, nos revive, nos destruye.
El amor, el que nos pudre y toda ruina es obra,
El amor, el que nos quema y sin embargo todo.
(El amor). [dos lenguas de fuego y dos lenguas más de fuego.
tu boca como barca de fuego sobre un fuego. (A tu manera)].
Este uso estilístico distintivo, de la repetición de versos, cuando lo utiliza al inicio y al final de la composición, le hacen forjar poemas circulares, que parecen partir de un punto poético y regresar, finalizando, al mismo punto, aún con variantes. Un ejemplo lo es el poema 11, en el que, además, el uso repetido de los pronombres enclíticos, algunos de suma rareza o nada convencionales, le ayudan a construir un lenguaje imperativo de relación recíproca, en un diálogo poético entre su yo poético y un tú poético, femenino, joven, temprana, cabalgante, a veces intocada, precoz y virgen; participante, entregada y demandante a la vez.
11)
Álzate de ti, de mí libérame,
viájame en las alas de tu vuelo.
Bébete la sed de mis días aciagos,
húndeme en las aguas poderosas de tu pelvis,
huéllame al galope de tu mayor quejido.
Súbete al asomo de mi postrer espanto.
Invéntame, desnáceme, destruye cuanto fui,
desátame al naufragio sonoro de tu boca.
Álzame de mí, de ti libérate.
El autor sabe lo que dice y dice lo que siente a través de su lenguaje poético, ya que su simbología es constante y clara, amplia por demás y elegante. Y con dichos símbolos construye su imaginario poético, fino y de alto vuelo lírico. Entre sus símbolos más socorridos se cuentan:
Desnudo/a, ingles, rodillas, piernas, costado, pechos, pubis, carnes; manos, dedos; ardor/ardida, ardorosa; boca, beso, labios, lengua; muchacha, mujer, vuelo, pájaro; amor, amar. Por otro lado: noche, el mar, el alba, bestias, torrente. Con esto y mucho más elabora un lenguaje enaltecido, pulido y, a veces, hasta brillante, en el que el mar es macho y la voz es un recurso permanente, sea la del yo poético, la del tú, interlocutor, o voces múltiples de otros elementos. No hay dudas es el lenguaje de un caballero en el decir, pudiendo poetizar con situaciones candentes sin caer en el mal gusto o en la vulgaridad. Por eso su erotismos en destilado, transparente, luminoso y genial. Es que sus construcciones poéticas son novedosas, profundamente ardientes, hechas de imágenes desbordantes en hermosura y erotismo. Hay en este tipo de poemas un derroche de gracia estética que emociona y cautiva a quien bebe en su fuente. Este especial decir, del poeta, es el decir de un encantador que sabe embrujar con los tropos, metáforas e imágenes. O de lo contrario, otras con una hondura de sapiencia y reflexión, cual verdades irrebatibles, por su alta carga filosófica y existencial, lo que otros llaman verdades poéticas y, como más me place llamarlas: Verdades de vida (Pedro Gris). Claro está que en este segundo grupo de poemas la forma lírica tiende a difuminarse; es cuando el yo filósofo atrapa y domina al yo poético, el uno etéreo, inmaculado y algo estoico, el otro más humano, hecho carne y hueso, desnudo, enhiesto, insaciable de belleza, más cercano al homo erectus y al homo aesteticus que al homo sapiens.
En sus poemas hay reciclaje y/o reutilización de versos e imágenes poéticas. Pero su característica determinante es la presencia de un erotismo sublimizado y rampante, franco y encantador, perenne, elevado y sagaz. Un erotismo, a mi parecer, pensado, calculado cuidadosamente, que satisface a ese yo escritural en lo profundo. Pues, imaginado o vivencial el erotismo es fuente de pasiones literarias, como velo que separa lo santo de lo santísimo, para evitar lo explícito, lo franco, que es vulgar y a veces brutalmente grosero y antiestético y esto es muy bien sabido por el poeta Mármol. Por eso lo suyo es un exquisito erotismo que hace que su poesía, que va más allá, mucho más allá, de un pensar sea para un sentir, para un deleite erotizado. En fin un erotismo en doble vertiente: Sentir y saber.
En este tenor, recurro a lo expresado por un gran conocedor de toda la obra de José Mármol, tanto la poética como la ensayística, el reconocido poeta, ensayista y crítico literario Plinio Chahín: “Mármol ha sabido, con su poesía, evolucionar desde el punto de vista de su sensibilidad y su imaginación, desde un pensamiento poético racional, condensado, a una poesía lírica, rica, lujosa, en el mundo que construye.” Mas, sin pretender calzarme los anchurosos zapatos de Plinio (el joven y dominicano), yo cambiaría el término lírica y colocaría erótica, dado que la lírica es el primer nivel de poesía, luego le sigue la erótica y finaliza con la mística.
Pero no olvido que debo de responder la cuestión planteada antes por mí mismo, ¿Es el yo poético que canta un sufrido y atormentado ser por efecto del amor que lo subyuga? Al respecto concluyo que no. De acuerdo al tono poético de todo la obra, con la ausencia de un tono melancólico, apesadumbrado y el franco predominio de un tono exaltado, excitado, gozoso, en todo el sentido y con todas las acepciones que correspondan, a pesar de las innúmeras referencias a la tristeza que encontramos en los poemas, el tono poético no corresponde al de un yo atormentado; por eso, no establezco correspondencia entre el título de la obra y la retórica lírico-erótica de la misma. Es más llamativa esta discordancia ya que en el erotismo, por lo menos en el cantado, no hay pesadumbre. La melancolía es más asociada al amor, pero al erotismo, que es excitación, pasión, fuego, ardor (en palabras de Mármol), no. Pero como, en palabras del propio autor, No hay descubrimiento sin sutil encubrimiento. (Pues) este es el proscenio del gran teatro del conocimiento, y que “la verdad es un probable acierto, cuya mayor virtud consiste en provocar desaciertos”, pienso que esto no es una casualidad ni mucho menos un error de tan cuidadoso escritor. Será acaso que nos juega una treta o será qué, según su propio aforismo: “He tenido tanto miedo a ser yo mismo que hasta mi otredad se estremece de furor” y pretende esconder bajo la máscara del quebranto y el tormento el goce estético de su propio placer para no asumir el peso o la paga por su erotismo poético. Esto último lo planteo bajo el parapeto de que “Toda convicción encierra un suplicio. Toda certeza engendra una interrogación” (JM). Pero como “la escritura es un recurso lúcido de la esquizofrenia(JM), olvidémonos de que la poesía es la mayor expresión de la auténtica vitalidad de una cultura, de una lengua (¿Y de un poeta?), como plantea el mismo autor y pensemos que esta es solo una posible lectura de este magnífico poemario, reunido por el propio autor, entre toda su producción y que tiene un toque especial, consciente o inconsciente, en el alto vuelo lírico y el hondo erotismo, en las dos vertientes conocidas: Saber y sentir, a semejanza de un dios Juno.
©Eduardo Gautreau
si no son ni los sabios ni los ignorantes?
- Hasta para un niño es ya evidente que son los que están en medio de estos dos, entre los cuales estará también Eros. La sabiduría, en efecto, es una de las cosas más bellas y Eros es amor de lo bello, de modo que Eros es necesariamente amante de la sabiduría, filósofo, y por ser amante de la sabiduría está, por tanto, en medio del sabio y del ignorante.
El Banquete. Platón
Dos pasos inmensos en la evolución de nuestra especie, hasta tornarse humana, lo fueron: el adquirir la posición erguida, dándole paso al homo “erectus” y el alcanzar el pensamiento y la palabra, para que surgiera el homo sapiens. El primero parece que determinó, necesaria y obligatoriamente, al segundo pues, al liberarse las extremidades superiores de la función de locomoción, facilitó su accionar e interaccionar impulsando la del pensar, y surgió, con más ahínco, la gesticulación como apoyo al proceso de comunicación. Al desarrollarse el lenguaje, primitivamente, este sagaz e intuitivo ancestro nuestro, con las manos libres, inventó los símbolos para plasmarlos imperecederamente surgiendo la escritura [en piedra, arcilla, madera, cuero, vegetales (papiro, papel) y de ahí, en una larga y sostenida carrera, hasta alcanzar el microchip actual]. En concatenación y concomitancia este homo erectus se fue tornando, en otras vertientes, en homo eroticus y homo aesteticus. Ambos complementarios y determinantes para convertirse en sapiens. Ya que sus fenómenos, erotismo y estética, íntimamente interrelacionados entre sí, son propios del conjunto de procesos sapienciales, es decir son procesos de pensamiento. Hoy por hoy, el erotismo es fenómeno de estudio de la Neurociencia en aras de comprender el desarrollo de las emociones y en él, del erotismo desde las funciones cerebrales complejas incorporando las estructuras cognitivas que constituyen en diálogo con el universo emocional, la condición erótica. En definitiva, se reconoce la importancia del rol del erotismo, y que decir de la sensibilidad estética, en nuestro desarrollo cognoscitivo.
Pero esto, no reconocido por la ciencia hasta ahora, no era desconocido para los antiguos griegos, ya que para ellos Eros, el dios alado, deidad primordial que encarna no solo la fuerza del amor erótico sino también el impulso creativo de la naturaleza, Luz primigenia responsable de la creación y el orden de todas las cosas en el cosmos, es un amante del saber, es decir, un filósofo. Estableciendo una importante relación entre la erótica y el saber, en la concepción de Eros en el pensamiento griego parece haber dos aspectos, el primero es el amor y apetito de belleza y el segundo la aspiración al saber.
Es su magistral tratado El Erotismo, Georges Bataille, establece que: “El erotismo es uno de los aspectos de la vida interior del hombre -y más adelante agrega- El erotismo es lo que en la conciencia del hombre pone en cuestión al ser.” Y si como nos dice ese gigante poeta y ensayista, Octavio Paz, premio Nobel de Literatura, en una de sus más celebradas y útiles obras La llama doble, documento insuperable sobre el erotismo: “el encuentro erótico comienza con la visión del cuerpo deseado… el cuerpo es una presencia, una forma que por un instante es todas las formas del mundo,”, yo añadiría que, luego de la visión viene el pensar lo visto, es más, el ver total y completamente implica un inmediato “pensar”. O sea, luego de mirarse el cuerpo deseado hay que erotizar con el pensar.
Pero, para cerrar este círculo, quiero recordar los diferentes saberes planteados por Emmanuel Kant: Conocer, Pensar y Saber. En los cuales, el conocer requiere de la intuición y el concepto; el pensar es conocer sin tener la intuición, es decir, el concepto y saber es el conocimiento verdadero. Simplificando, el pensar es la clave para el saber verdadero. En palabras del escritor colombiano Francisco Cajiao, de su artículo SABER Y PENSAR: Es claro que el conocimiento universal, el progreso científico, la creación artística y la reflexión filosófica surgen de personas que piensan mucho sobre aquello que saben y llegan a cosas nuevas que naturalmente no sabían ni tenían dónde aprender.
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| José Mármol |
José Mármol como poeta es Criatura del aire, ser alado que piensa y siente de manera constante para y por la poesía, como yo, como muchos, como tantos. Su poética, más allá de un pensar, es para un sentir. Un sentir en imágenes eróticas finamente destiladas, para las almas que saben captar el mensaje que difunden sus poemas. En ellos se conjugan perfectamente, más que en los de muchos, la doble condición del alto Eros: Saber y Sentir. Conocimientos envueltos en belleza para el estímulo del ánima, para superación del Ser, como lo propiciaba, desde nuestros sabios ancestros, aquel dios alado. Ya lo dice él mismo: Están en mí el poeta y el pensador fundidos, ya que concibe que el pensamiento unido al poema es sinónimo de alto vuelo y de franca libertad. Y como pensador lo sintetiza en su aforismo: Sentir el pensamiento. Pensar el sentimiento. Por esas convicciones como un dios Jano, tiene una cara para la poesía y otra para la filosofía, combinándolas gustosa y perpetuamente.
Aunque en este escritor es imposible separar al poeta del pensador, debo realizar una escisión obligada para circunscribirme exclusivamente a su poética. Mas como la misma es extensa, diversa y evolutiva, haré acopio de una significativa muestra de su prolífica producción: la antología personal que el mismo autor, aún inédita me remitiera, “El amor, ese quebranto”.
Creo menester destacar, que a pesar de que toda antología es excluyente en sí misma, esta, al ser recopilada y escogida por el mismo creador, lleva un sello distintivo y personal y si remachamos este planteamiento con el aforismo del mismo Mármol: La escritura es la huella visible del pensamiento invisible, (precisamente en él que considera la estrecha e indisoluble unión entre el sentir y pensar) tenemos en dicha obra una evidente muestra del decir de su ser poético –o yo poético. O sea, una radiografía de su alma, puesto que: Más que la vida de una persona, la obra de arte desvela la presencia única del lenguaje en la sensibilidad irrepetible de esa persona (JM).
Iniciemos entonces el viaje por la muestra lírica dada, de la que nos llama la atención su título: El amor, ese quebranto, que en verso ratifica: Es el amor, ese quebranto, habría de llegar,/ese doler que zanja más allá de lo sufrible,/tibio acoso de la muerte, pero que no es morir. (El quebranto). Desde antaño esta pasión elemental y casi obligada para el humano se ha catalogado como una enfermedad o padecimiento, que lleva a la cama a los amantes, y hasta a la tumba; que transporta a los afectados a la gloria o al infierno, indefectiblemente. En palabras aforísticas del marmóreo bate: No se vive, no se goza, se padece el amor. O dicho en versos libres: Amor es una senda en la nada tendida,/una saga del sueño, un tormento, una espina.(Cenizas de marzo). O cuando canta al mismo Amor: La experiencia del amor es indecible y nunca espera. / No hay palabra que decante la ternura de su horror. (Amor). Del que no puede escapar y siempre cae, pues: No hay palabra que resista la chorrera de su ardor. / La experiencia del amor es indecible y siempre llama. (Amor). Es que el yo poético que canta sabe que: El amor nos alumbra y toda pena sobra, / Nos adorna con cantos, bestias amansadas, limpias aves,/agrios curativos, incienso vesperal. // El amor nos fecunda y todo encanto vuela/ Y toda voz se queda vacía de su acento.// Hay en el perfil de su noche un aleluya. A pesar que: El amor nos consume, nos revive, nos destruye. / El amor, el que nos pudre y toda ruina es obra, / El amor, el que nos quema y sin embargo todo.(El Amor).
Con todo lo anterior podemos sostener, de entrada, que el título tiene soporte en el discurso poético contenido en la obra. Mas se me ocurre plantear una interrogante obligada: ¿Es el yo poético que canta un sufrido y atormentado ser por efecto del amor que lo subyuga? Buscaré la respuesta a lo largo de todo el poemario, mientras tanto proseguiré escudriñando.
Esta obra consta de 78 composiciones líricas, dispuestas en dos formas de presentación: Poemas, escritos en versos libres y variados, la mayoría de arte mayor; y composiciones escritas en monobloque, con una engañosa disposición de proemas, condición que no cumplen, por no estar escritos en prosa. En estos pseudoproemas se puede identificar claramente su constitución interna de versos, separados por el punto y seguido, con un individualidad propia de cada uno, además, con un métrica más o menos constante y un ritma libre que aflora al leerse y mejor aún al ordenarlos convencionalmente.
Verbigracia:
saudade de soraya (Disposición original por el autor)
la mañana precoz acoge mi cuerpo caído ya del género del sueño y sus demonios. revivo en un santuario de sonidos y libros. quedan amarrados en la tela. los contornos del cuerpo abandonado y frágil. al amanecer soy ángel entre hierbas sin aroma para el ritual del té. un ángel venéreo. sin mito. sin solio. un ángel profano. heptagonal. fugaz. soy la brisa de un barco ya surto en el olvido. impulso quejumbroso que tras una palabra. una idea. una misma emoción. un pasado. una joven forma de mujer se desvanece.
Al reorganizarle, siguiendo su estructura poética, obtendremos:
la mañana precoz acoge mi cuerpo.
caído ya del género del sueño y sus demonios.
revivo en un santuario de sonidos y libros.
quedan amarrados en la tela.
los contornos del cuerpo abandonado y frágil.
al amanecer soy ángel entre hierbas sin aroma
para el ritual del té.
un ángel venéreo. sin mito. sin solio.
un ángel profano. heptagonal. fugaz.
soy la brisa de un barco ya surto en el olvido.
impulso quejumbroso que tras una palabra.
una idea. una misma emoción. un pasado.
una joven forma de mujer se desvanece.
Es evidente el parecido estructural al poema del recuadro, dispuesto en versos por el mismo autor. Y si lo sometemos a mayor ingeniería toma mayor sentido poético:
La mañana precoz acoge mi cuerpo
caído ya, del género del sueño y sus demonios.
Revivo en un santuario de sonidos y libros.
Quedan amarrados en la tela
los contornos del cuerpo abandonado y frágil.
Al amanecer soy ángel entre hierbas sin aroma
para el ritual del té.
Un ángel venéreo. sin mito. sin solio.
Un ángel profano. heptagonal. fugaz.
Soy la brisa de un barco ya surto en el olvido.
Impulso quejumbroso que tras una palabra.
una idea. una misma emoción. un pasado.
una joven forma de mujer se desvanece.
Se nota claramente que, debajo de la máscara del pseudoproema, no existe diferencia alguna entre cualquiera de ellos y los demás poemas presentados en versos convencionales. Hay la misma estructura, el mismo ritmo interno variable y la misma distribución en rima que usualmente usa el autor para sus poemas. Hay hasta el mismo tipo de acabalgamiento, usado eventualmente, entre los versos. Más aún, en ambos utiliza los signos de puntuación -el punto y la coma.
Hay una diferencia en la aplicación de la mayúscula, usada como manda la regla en los poemas, y ausente intencionalmente en los pseudoproemas, en los que el autor utiliza solo minúsculas. Esto se contrapone totalmente al usual abuso de la mayúscula en la poesía contemporánea y es un toque particular de su estilo escritural.
Cada composición, poema o pseudoproema, tiene su título, aún sea un número o el que se intitula Sin título; técnica mixta.
Continuando con la forma del poemario escudriñamos en el lenguaje, como vehículo de su decir, constituido por un vocabulario amplio y rico, con salpiques de extranjerismos, neologismos y de palabras novedosamente inventadas o adaptadas para su lirismo. No hay rebuscamientos ni barroquismos. A pesar de haber fantasía y misterio, no es, a mi juicio, esta muestra poética, críptica o intrincada. Resalta el gran dominio de la lengua y la erudición del yo escritural responsable de todo. Demuestra su maestría jugando con las palabras y la sintaxis
(Tu boca dibujada por el mástil de mi dedo,
tu boca como barca de fuego sobre un fuego.
para formar imágenes poéticas de indomable belleza. Por ejemplo, la muy frecuente utilización de la enumeración, como recurso de estilo, para darle mayor fuerza a lo expresado, acentuando el discurso o describiéndolo mejor:
Era un amor de potros salvajes, mantarrayas, pájaros nocturnos, blasfemias, liebres, grillos. (Mentiras); Su voz hace la luz, el río, el trueno, el ave,
y un aroma de sándalo, yerbas, carnes vivas.
(Noche de palabras)...
y llega hasta a construir todo el poema enumerando como en Suite B, Hotel Da Vinci.
De otra forma, la repetición de palabras en un mismo verso o poema, como recurso literario, es muy comúnmente usada, pudiendo encontrarse varias de las figuras de repetición, aparte de las comparaciones y metáforas utilizadas. Por ejemplo:
-Anáfora: No el torrente de luz en su mirada.
No las firmes fronteras de su delta en el pubis.
No la forma exacta de arroparme con un beso.
No la magia tensa del aroma de sus piernas.
No hay palabra que resista la chorrera de su ardor. (Amor).
O mejor aún: La Montaña del Ángel comienza entre las nubes.
La montaña del Ángel termina en sus inicios, (La montaña del Ángel).
El amor nos consume, nos revive, nos destruye.
El amor, el que nos pudre y toda ruina es obra,
El amor, el que nos quema y sin embargo todo.
(El amor). [dos lenguas de fuego y dos lenguas más de fuego.
tu boca como barca de fuego sobre un fuego. (A tu manera)].
Este uso estilístico distintivo, de la repetición de versos, cuando lo utiliza al inicio y al final de la composición, le hacen forjar poemas circulares, que parecen partir de un punto poético y regresar, finalizando, al mismo punto, aún con variantes. Un ejemplo lo es el poema 11, en el que, además, el uso repetido de los pronombres enclíticos, algunos de suma rareza o nada convencionales, le ayudan a construir un lenguaje imperativo de relación recíproca, en un diálogo poético entre su yo poético y un tú poético, femenino, joven, temprana, cabalgante, a veces intocada, precoz y virgen; participante, entregada y demandante a la vez.
11)
Álzate de ti, de mí libérame,
viájame en las alas de tu vuelo.
Bébete la sed de mis días aciagos,
húndeme en las aguas poderosas de tu pelvis,
huéllame al galope de tu mayor quejido.
Súbete al asomo de mi postrer espanto.
Invéntame, desnáceme, destruye cuanto fui,
desátame al naufragio sonoro de tu boca.
Álzame de mí, de ti libérate.
El autor sabe lo que dice y dice lo que siente a través de su lenguaje poético, ya que su simbología es constante y clara, amplia por demás y elegante. Y con dichos símbolos construye su imaginario poético, fino y de alto vuelo lírico. Entre sus símbolos más socorridos se cuentan:
Desnudo/a, ingles, rodillas, piernas, costado, pechos, pubis, carnes; manos, dedos; ardor/ardida, ardorosa; boca, beso, labios, lengua; muchacha, mujer, vuelo, pájaro; amor, amar. Por otro lado: noche, el mar, el alba, bestias, torrente. Con esto y mucho más elabora un lenguaje enaltecido, pulido y, a veces, hasta brillante, en el que el mar es macho y la voz es un recurso permanente, sea la del yo poético, la del tú, interlocutor, o voces múltiples de otros elementos. No hay dudas es el lenguaje de un caballero en el decir, pudiendo poetizar con situaciones candentes sin caer en el mal gusto o en la vulgaridad. Por eso su erotismos en destilado, transparente, luminoso y genial. Es que sus construcciones poéticas son novedosas, profundamente ardientes, hechas de imágenes desbordantes en hermosura y erotismo. Hay en este tipo de poemas un derroche de gracia estética que emociona y cautiva a quien bebe en su fuente. Este especial decir, del poeta, es el decir de un encantador que sabe embrujar con los tropos, metáforas e imágenes. O de lo contrario, otras con una hondura de sapiencia y reflexión, cual verdades irrebatibles, por su alta carga filosófica y existencial, lo que otros llaman verdades poéticas y, como más me place llamarlas: Verdades de vida (Pedro Gris). Claro está que en este segundo grupo de poemas la forma lírica tiende a difuminarse; es cuando el yo filósofo atrapa y domina al yo poético, el uno etéreo, inmaculado y algo estoico, el otro más humano, hecho carne y hueso, desnudo, enhiesto, insaciable de belleza, más cercano al homo erectus y al homo aesteticus que al homo sapiens.
En sus poemas hay reciclaje y/o reutilización de versos e imágenes poéticas. Pero su característica determinante es la presencia de un erotismo sublimizado y rampante, franco y encantador, perenne, elevado y sagaz. Un erotismo, a mi parecer, pensado, calculado cuidadosamente, que satisface a ese yo escritural en lo profundo. Pues, imaginado o vivencial el erotismo es fuente de pasiones literarias, como velo que separa lo santo de lo santísimo, para evitar lo explícito, lo franco, que es vulgar y a veces brutalmente grosero y antiestético y esto es muy bien sabido por el poeta Mármol. Por eso lo suyo es un exquisito erotismo que hace que su poesía, que va más allá, mucho más allá, de un pensar sea para un sentir, para un deleite erotizado. En fin un erotismo en doble vertiente: Sentir y saber.
En este tenor, recurro a lo expresado por un gran conocedor de toda la obra de José Mármol, tanto la poética como la ensayística, el reconocido poeta, ensayista y crítico literario Plinio Chahín: “Mármol ha sabido, con su poesía, evolucionar desde el punto de vista de su sensibilidad y su imaginación, desde un pensamiento poético racional, condensado, a una poesía lírica, rica, lujosa, en el mundo que construye.” Mas, sin pretender calzarme los anchurosos zapatos de Plinio (el joven y dominicano), yo cambiaría el término lírica y colocaría erótica, dado que la lírica es el primer nivel de poesía, luego le sigue la erótica y finaliza con la mística.
Pero no olvido que debo de responder la cuestión planteada antes por mí mismo, ¿Es el yo poético que canta un sufrido y atormentado ser por efecto del amor que lo subyuga? Al respecto concluyo que no. De acuerdo al tono poético de todo la obra, con la ausencia de un tono melancólico, apesadumbrado y el franco predominio de un tono exaltado, excitado, gozoso, en todo el sentido y con todas las acepciones que correspondan, a pesar de las innúmeras referencias a la tristeza que encontramos en los poemas, el tono poético no corresponde al de un yo atormentado; por eso, no establezco correspondencia entre el título de la obra y la retórica lírico-erótica de la misma. Es más llamativa esta discordancia ya que en el erotismo, por lo menos en el cantado, no hay pesadumbre. La melancolía es más asociada al amor, pero al erotismo, que es excitación, pasión, fuego, ardor (en palabras de Mármol), no. Pero como, en palabras del propio autor, No hay descubrimiento sin sutil encubrimiento. (Pues) este es el proscenio del gran teatro del conocimiento, y que “la verdad es un probable acierto, cuya mayor virtud consiste en provocar desaciertos”, pienso que esto no es una casualidad ni mucho menos un error de tan cuidadoso escritor. Será acaso que nos juega una treta o será qué, según su propio aforismo: “He tenido tanto miedo a ser yo mismo que hasta mi otredad se estremece de furor” y pretende esconder bajo la máscara del quebranto y el tormento el goce estético de su propio placer para no asumir el peso o la paga por su erotismo poético. Esto último lo planteo bajo el parapeto de que “Toda convicción encierra un suplicio. Toda certeza engendra una interrogación” (JM). Pero como “la escritura es un recurso lúcido de la esquizofrenia(JM), olvidémonos de que la poesía es la mayor expresión de la auténtica vitalidad de una cultura, de una lengua (¿Y de un poeta?), como plantea el mismo autor y pensemos que esta es solo una posible lectura de este magnífico poemario, reunido por el propio autor, entre toda su producción y que tiene un toque especial, consciente o inconsciente, en el alto vuelo lírico y el hondo erotismo, en las dos vertientes conocidas: Saber y sentir, a semejanza de un dios Juno.
©Eduardo Gautreau



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