Infraganti, la libertad de un oculto amar, en poesía
| La poeta María Farazdel conocida como María Palitachi y su obra In fraganti |
In fraganti. (Del lat. in flagranti [delicto], en flagrante [delito]).
● loc. adv. En el mismo momento en que se está cometiendo el delito o realizando una acción censurable. ٭Infraganti significa que alguien fue captado con las manos en la masa, cometiendo un delito o haciendo algo censurable. Si abrazamos el destino que nos toca, siendo amantes platónicos, es por fuerza pensar que ese destino, ese amor, no es permitido, es censurable, por ajeno, licencioso o reprochable. Y entonces, solo nos ha quedado fantasear, por todos los medios que tenemos a la mano –y en la imaginación- para “materializar” al amado en acción placenteras para sí. Y en estos menesteres lúdicos hemos sido sorprendidos “amando”. Aún sea… poetizando por ese amante prohibido, perdido; elucubrar, refugiándonos entre los versos que broten del deseo, aunque sea de forma casta, pura, incarnal, ubridiforme.
La poesía, desde siempre ha servido para liberarnos de cargas y, alzando el vuelo, tocar lo intangible, lo imposible, lo perdido o prohibido. Y en esto no hay delito punible, no hay castigo, así nos agarren con las manos en la pluma, poetizando por… quien sea. Es una manera sublimizada de amor ubrí.
La poesía también nos ha servido para cantarle a un amor y ofrecer lo imposible (“Si pudiera darte el mar”), y para fundirse, libre con ese mismo amor, distante, imposible por perdido o idealizado (“Tejer con sombras tu aroma en mi piel/cómo los pétalos azules/donde comulga el universo//Si pudiera con hilos de marioneta/poseer cada átomo de tu deseo/coger prestado a Mercurio/cuando bebas de mi selva/Te mordería hasta gritar como las Amazonas/perder la conciencia y renacer”).
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| María Palitachi |
La poesía nos sirve para poseer al otro. Al tú poético al que se le canta… y hasta a los demás, a través de una otredad colectiva, cuando el yo poético que canta logra empatizar con los lectores por medio de su canto. Por eso, y en eso, la mar de veces, a los poetas nos agarran infraganti, poseyendo a otro(s) por medio de un poetizar profundo, sentido, sensual y provocativo, como el que plasma María Farazdel, en su incitante poemario Infraganti.
Infraganti, concebido en dos partes, y seccionado, de manera ocurrente, por epígrafes en medio de sus dos porciones; epígrafes útiles para desenmarañar el mensaje simbólico que la autora desea que sepamos. Es un poema de largo aliento, dividido en estrofas, forjado en versos, con cabalgamientos y libre de signos de puntuación, en los que se recurre a la libertad de un decir abierto, franco, echando a mano términos de diferentes lenguas para completar el discurso en español del yo poético de canta.
٭DRAE, 23 edición on line
Es un canto de amor y desamor, itinerante, pasional, erótico, y fantasioso, de una Penélope posmoderna y caribeña, que espera (sentada, parada, viajando entre ciudades distintas) por un amante / amor ideal, quimérico, perdido, tal vez ya inexistente.
El discurso en Infraganti, es armado de manera erudita, recurriendo a distintas tradiciones y mitologías, griega, islámica, maya, amazónica (si podemos hablar de una mitología per se), etc. y con un simbolismo erótico destilado y elegante. Infraganti, es un punto de inflexión en la carrera escritural de Palitachi. Es un agradable trabajo poético, presentado, de manera astuta, de forma confesional, quizás para darle mayor peso y verosimilitud a su propuesto canto.
Armado de manera cuidadosa, en sus inicios, luego de su dedicatoria, insoslayable para entender su título, y para desentrañar el discurso poético de todo el poemario, encontramos una parte primera, formada por tres cantos, intencionales: El primero, en el que el yo poético nos demuestra lo imposible del amor al que le canta; el segundo, en el que el yo poético demuestra su honda intensión de amar, y un tercero en el que nos cuenta los anteriores inicios de ese amor perdido, imposible, sublimizado, que ha servido como eje, como enigma, a toda una vida. Este último, rebosa de un erotismo enaltecido y profundo, que ha trascendido desde la infancia a la adultez tardía, femenina y decidida. Esta parte es la compuerta que se abre para la segunda parte; la más directa, la confesional. El largo canto, de treintitres estrofas, en la que el yo poético confiesa su trasgresión, su delito, su confesa acción de amar.
Claro que para que esta compuerta se abra, se vale de tres bisagras: Tres epígrafes concatenados, que como ya dije, rompiendo el discurso propio de la autora, facilitan su entendimiento. Así, Rumí, Oliver y Belli, con tres frases le facilitan el pase a la parte sustancial del poemario. Poemario que es punto de encuentro, (los amantes/el amor, “están dentro el uno del otro”) al ser plasmado en poema este amor; “Al sur de su garganta” desde donde brota el poema, o sea el corazón del yo poético que canta y sufre; recuperando ese amor perdido, por medio de la confesión lírico-erótica, infraganti, espontánea, a exprofeso y consciente. He aquí el destino asumido, acatado, sumisamente por largo tiempo, y que ahora, es declarado a viva voz, sin temor a condena, a juicio o señalamiento alguno. Total, que ¿en cuántos de nosotros, no existirá un amor, oculto, udrí, inconfeso, lejano, y hasta prohibido, que ha sido soporte existencial? Lo que pasa es que muchos no se atreven a desnudar su yo, para echar al viento sus cantares.
Hoy me desnudo frente a una opaca imagen
Quiero fumar el humo
dónde arden palabras
parir la primavera
y arrastrarnos por el jardín
hasta llegar al ático
y deshilacharnos
Así abre esta segunda parte. Luego grita enardecida, la voz poética:
¡Ay deseo!
¿A dónde sigo
Para no quedarme
Bajo las sombras
Bajo un saludo
que se marcha
como los atardeceres?
Para en la IV estrofa ser más directa, más cruda:
Hagamos el amor
quiero sentarme en un cyber-café al aire libre
compartir un té-un-mate-un café
quiero sentarme a tu lado ver tus ojos
apretar tu tibia mano
conversar en silencio sin mordernos los labios
para olvidar recordar lo no ocurrido
limpiar en tu desnudez
la sal derramada
encima de tu pecho
sentir tu perfume
con sudor-corazón acelerado
y sin darnos cuenta visitar
la luna los aguaceros
demás fantasmas sin palabra
Y en la siguiente nos confiesa su búsqueda, permanente, constante:
Cada hombre que pensé fue un oleaje
Cada frontera es este mundo
Mis debilidades tus caricias
Como un desvío
Al fondo lejos de ti de marea en marea
En muchos huecos labios
Todo por encontrar lo que no había perdido
Aunque Asustada por la idea de volver a verle, inquieta, pues sabe que el tiempo le ha mordido, y por eso le advierte a quien le canta: Si vas a regresar recuerda que no estaré como me encontraste. Y confiesa cómo ese amor, ese amante, ha estado en sus poemas, en sus escritos, como motivo y causa. Entonces fantasea, a mil quinientos kilómetros de distancia […] y pide perdón por la distancia, mas le interroga
¿cómo vamos a desvivir el sendero que nos separa
y quitarle ausencias a la noche?
Continua cantándole a ese tú poético en ausencia, tal vez que no le escucha ni le lee, Pensar en vos es pulsar una historia filantrópica/como el día que penetra la noche/que aún no comienza, y sabe que para él, ella es una mujer inventada, inexistente tal vez, aunque aspira, anhela (que) el deseo nos siga pensando/como fugaces amantes/mientras envejecemos…
Pero, también le reclama, por ese “hechizamiento”, por haber atado y controlado en la distancia, en la ausencia:
No hay bálsamo que cure la angustia/la vida como un tentáculo abierto/cada vez que pienso/beber tu pasión de hojas perennes/tus ojos abarcan el horizonte/enferma de negar ajenas experiencias
Y le inquiere, al ser, quizás abordada infraganti por él:
Y ahora
¿Qué quieres de moi?
Desenredar la ondulación de este pelo
explicaciones tomarte mi esencia extracto del alma
controlar mis manecillas y después hacerme recordar
Para hacer la gran confesión:
Dejar el nido viejo regresar a recoger
poco a poco lo dejado en polvo
Quieres despertar el silencio con que otro
arropa mi cuerpo
hago el amor a ojos cerrados
pienso en ti
el placer es de otro
riego mi silencio con engaños
A continuación el desenlace de esta historia poética, pasional, femenina, contada con el desgarro interior que atrapa al lector, forjada en lo creíble. Rociada de imágenes hermosas y de una profundidad humana que aumenta el peso y alcance del discurso confesional, monologado, lírico y erótico.
Infraganti es, por tanto, un precioso poema, de muy largo aliento, con el que María Farazdel, nos regala, del que no les desglosaré nada más, con la aviesa intención de que cada quien busque y rebusque en sus páginas todo lo demás que pueda encontrar. Yo, encontré todo esto y mucho más, que luego declararé a su tiempo.
©Eduardo Gautreau

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