Carvajal y su poesía: El acendrado fluir de imágenes poéticas de un afanoso ruiseñor del verso
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| Eduardo Gautreau y Luis Carvajal |
Incansable y prolífico, tal vez en todo lo que emprende, parecería que solo basta pensar un posible tópico para componer un poema y ya Luis lo ha vertido a versos; ya él lo ha cantado. Apasionado e intransigente con sus ideales los acoteja en su lírico decir para que, como complemento a su accionar, sus poemas penetren al alma y provoque una revolución interior. Pues tiene claro y permanente su objetivo: forjar conciencia.
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| Público presente en la Tertulia de Eduardo Gautreau con el poeta Luis Carvajal |
Verbal, fluvial, alígero de ideas y palabras, sus poemas fluyen cual los ríos que afanoso defiende y sus ideales incólumes son, parecidos a las lomas que cuida con su hacer. Pues este poeta es sembrador de conciencias, tanto sus versos como con sus ideas, por eso su imaginario poético es un fresco bosque y su poética es un camino interminable hacia el reclamo, hacia la toma de conciencia colectiva y pública, personal y ética. Conciencia social, política, ciudadana y familiar.
Su lenguaje poético es clárido, casi transparente, mas de un colorido singular. No recurre a artificios ni a intrincados juegos de palabras; huye del retruécano y de los altibajos laberínticos, tan usados por los poetas hoy en día. Conoce la lengua y la maneja a gusto, sin maltratarla ni aguijonear al lector con desafíos al gusto (¿de mal gusto?), por eso no recurre a vulgaridades, ni groseras metáforas ni imágenes escabrosas ni repugnantes. Es un canto fino. Jamás utiliza frases, tropos, aliteraciones malolientes, que golpeen al lector. Al contrario su poética es perfumada, natural, con los aromas de la naturaleza y las fragancia de la mujer, pues en su sublimizado erotismo recurre a todo subterfugio elegante, propio del más destilado y sensual lenguaje que pueda utilizarse. Poetiza de manera desbordante sobre la mujer, su cuerpo, sus atributos y las dulces consecuencias de la interacción de una pareja: la cópula, pero lo hace con una finura y elegancia tal, que enaltece la acción, el lenguaje y el objeto amado. Y digo objeto porque muchas veces le canta a su musa por excelencia, una musa particular, universal, eterna, una musa que le apasiona en sobremanera: la mujer. Pero no una mujer de carne y huesos, sino una especial, una alada, la poesía. En los versos de Carvajal se entrevé, fácilmente, que su yo poético visualiza e idealiza a la poesía, a su poesía, como una mujer, como una mujer deseada y amada; y ella es su amante, de manera constante, tanto es así, que buena parte de su vasta producción poética podría considerarse como poetizar sobre la poesía misma. De otro modo es una ancha y grande Arts poética.
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| El Dr. Eduardo Gautreau en tertulia con poeta Luis Carvajal |
Como labrador de la palabra, la respeta, al usarla sin abusos y luego de utilizarla como pieza, bien colocada, la deja limpiar y sin daño. No suele inventar nuevas, ni retorcerla o exprimirla como otros hacen, algunos con muy buen acierto. Y en sus construcciones líricas hay un respeto a las formas y al orden, es decir su sintaxis es limpia, sin dobleces ni laberintos. Su poetizar se asienta en dos elementos claves: la hermosura de su decir y su constante ritmo. Aunque a veces alarga innecesariamente el verso, pudiendo evitarlo. Es muy clásico en la división y construcción de estos; importantizándolo como unidad básica del poema. Generalmente respeta la pausa intra e intervérsica y, también, la interestrófica. Utiliza tanto el verso blanco como la rima, con escasas caídas en leve puntos en que se tornan forzosas. Su utilización de la acentuación es muy correcta, siendo esa uno de los soportes de su ritmicidad.
No escatima formas para elaborar sus cantos, recurriendo a todas las formas posibles, la monostrófica y la poliestrófica, como la proémica. Esta última solo es en apariencia pues internamente se pueden reconocer fácilmente la división vérsica interna dentro del todo. De estas maneras construye poemas que usualmente son de mediano a largo a aliento.
En su simbolismo lírico podemos identificar los elementos de la naturaleza, en especial la luna, la tierra y los ríos. Y cuando le canta a la mujer, de manera directa o metaforizada, los ojos representan el símbolo por excelencia preferido. Y al respecto quiero declarar que considero que de todas sus líneas temáticas es en lo erótico donde descubro sus mejores y más altos vuelos, seguida de la ecológica.
Por último, aunque es poseedor de un asombroso banco de imágenes poéticas de loable belleza, su gran facilidad para poetizar, base de su prolificidad, lo condena a ser repetitivo y a cantar en demasía sobre un mismo tópico, o hasta con un mismo enfoque. Esto es fácilmente superado si al revisar su producción decanta los verdaderos granos de la paja y somete sus predios a una poda conveniente para que brille mejor su acendrado estilo y su elegante decir.
©Eduardo Gautreau



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